Estrategias para crear una Buena Ciudad

“La cantidad y la calidad del espacio público peatonal determinan la calidad urbanística de una ciudad”. Enrique Peñalosa, economista, historiador y alcalde de Bogotá, Colombia, entre 1998 y 2001.

Esta frase que cito para comenzar, devela rápidamente una cualidad propia de una ciudad de alto standard. Caminando la ciudad identificamos con facilidad aquellos espacios que la gente habita cautivada y tiene la intención de pertenecer, o al menos volver, y sin comprender cuales son los factores reconocemos que hay diferencias considerables con aquellas otras zonas donde la gente prefiere pasar rápidamente, sin intención de hacer de ese lugar un lugar de estancia. En este ensayo se busca identificar cuáles son aquellos factores valiosos que hacen de una ciudad una buena ciudad, y como reconocer estos valores.

Tal como menciona Jan Gehl en su libro “La Humanización del Espacio Público”, es importante comprender que las ciudades dan orígenes a espacios públicos que se ubican entre las construcciones públicas y/o privadas, áreas libres que permiten que personas pueden tener “vida entre los edificios” cuando el contexto lo permite. Las áreas libres, ya sean dejadas arbitrariamente por la temporalidad de los proyectos o proyectadas con un fin de espacio público determinante, pueden dar origen a actividades humanas, y es la variedad de estas actividades las que podríamos nombrar en una primera instancia como un indicador para evaluar la calidad del lugar.

Las relaciones interpersonales pueden medirse tanto en intensidad como en el tipo de actividad. En los casos de relaciones interpersonales con intensidad bajas podemos ejemplificar con caminar por la calle y cruzarse con el resto de los transeúntes sin chocar. Intensidad media como sentarse en un banco y ver la vida pasar de un grupo de niños; o bien complejidades mayores, como la de socializar con los vecinos y compartir el lugar para pasar un tiempo prolongado. Cuando el espacio público permite que diversidad de actividades se produzcan en un entorno común, sean en el mismo momento como de manera alternada, entonces estamos hablando de un caso positivo con alta calidad de ciudad. Así como diversidad de actividades, también es necesario considerar diversidad de personas, estereotipos diversos que permitan contribuir con los potenciales propios de cada uno. Es así como un lugar que permite que coexistan niños, jóvenes, adultos y adultos mayores permitirán que el lugar se considere activo y recreativo, como seguro y familiar. Esta riqueza aportada por los participantes cargará de identidad y autenticidad el barrio, trayendo consigo beneficios sociales y económicos, mejorando la condición de barrio del lugar para la comunidad.

Un tema que es relevante para comprender si una ciudad es una buena ciudad o no es la diversidad de medios de transportar que existe y el tiempo que toma de llegar de un punto “A” a un punto “B”, y cuanto tiempo nos toma llegar desde nuestros hogares o del lugar de trabajo caminando para tomar el transporte tanto en el punto “A” como en el “B”, respectivamente. Mientras más variada la oferta de transporte mejor será el servicio que ofrecen, funcionando del mismo modo que funciona el mercado. La coexistencia y coordinación de variados sistemas públicos, tales como metro, microbuses, taxis, colectivos, trenes suburbanos, entre otros, y la posibilidad de utilizar bicicletas (propias o arrendadas), motocicletas, vehículos motorizados propios (o compartidos) otorgan una diversidad que permitirá al usuario cuando utilizar una u otra, y tener alternativas apropiadas tanto para lo cotidiano como para eventos extraordinarios. La red del transporte debe ser tan extensa como densa posible, permitiendo que todas las personas que viven en una ciudad tengan el transporte público “a la mano” y sus trayectos caminables sean de menos de una cierta cantidad de minutos idealmente, ¿10 minutos? ¿15 minutos?, la cantidad de minutos será un factor relevante dependiendo de la edad de los vecinos que deben tomar el transporte, y también a la hora que esto corresponda, dado que caminar 30 minutos de noche hará que el peatón se sienta vulnerable a un acto delictivo bajo cualquier circunstancia.

Los servicios públicos serán de gran calidad, si les otorgan a los pasajeros no sólo dignidad en el trayecto (condición mínima solicitada) sino que también comodidad y rapidez. De este modo, los usuarios de transportes privados también preferirán este medio de transporte. Tal como leí una vez, cito –ignorando la autoría de estas palabras- “país desarrollado no es aquel en el que el pobre anda en auto, sino aquel en el que los ricos andan en transporte público”.

El ancho de las veredas es un caso particular que nos permite distinguir rápidamente si esa área busca que se generen varias actividades o no. Es fácil encontrar aceras en el centro de Santiago, y en todas las comunas de la Región Metropolitana (para ser más justos), donde su ancho radica directamente en el mínimo que indica la normativa donde finalmente termina siendo una delgada línea entre la construcción de los edificios y las calles para los autos. Como un caso completamente opuesto, tenemos las grandes veredas del centro económico ubicado en el barrio de Rosario Norte, donde se reconoce que dado el ritmo laboral de quienes trabajan en el barrio y el modo en que la red de trabajo opera permite a las personas caminar libremente a distintos ritmos, detenerse por una taza de café, disfrutar del sol (o la sombra) en bancos dispuestos a lo largo de las calles, etc.

La cantidad de área verde por habitante también es una cualidad que determina la calidad de una ciudad. La posibilidad de realizar actividades físicas al aire libre y tener momentos de esparcimiento y ocio se considera un factor relevante. Esta condición se puede entregar tanto a nivel de parques, plazas y aceras suficientemente amplias como para que ciertas actividades se desarrollen de modo correcto. Junto con el factor de área por persona, también es relevante la distancia que se debe recorrer para llegar a estas áreas verdes desde las casas, así se comprende que a pesar de que muchas ciudades tengan grandes parques, si se debe recorrer grandes distancias para llegar con malos sistemas de transportes entonces la gente probablemente no visitará el parque tan a menudo como les gustaría. Sin embargo, cuando estas áreas de parques se encuentran diseminados por la ciudad aunque las áreas sean menores, la posibilidad de ir a una plaza a menos de diez minutos caminando se logrará una concurrencia mayor. Cuando estos espacios, aceras, parques o plazas tienen árboles en altura y/o sombreaderos permiten que las actividades sociales se puedan desarrollar de un modo confortable a lo largo de todo el año, permitiendo que aquellos meses del año donde se alcanza grandes temperaturas, la gente pueda salir de sus casas y disfrutar de actividad física al aire libre. Esta condición de sombra es un factor muy positivo en todo tipo de espacios públicos. En las aceras que lo contemplan, como en el caso de la Av. Colón en la comuna de las Condes como la Av. Pedro de Valdivia en Providencia, es muy usual ver peatones caminando las calles, y aquellos locales que se ubican en estos lugares tienen más posibilidades de ser exitosos, por lo cual se vuelve un circulo virtuoso y las actividades sociales se vuelven una constante. En el caso de las plazas y parques como el Parque Inés de Suarez y Quinta Normal, que cuentan con vegetación en altura consolidada las actividades sociales y familiares es más frecuente que en aquellos casos con vegetación más baja o parques nuevos, como lo es el Bicentenario de Vitacura, donde la edad nueva de los árboles deja en evidencia la falta de sombra en verano y se implementan pequeños quitasoles que aíslan a las personas en pequeños centros de sombra sin permitirles –aún- una movilidad apropiada.

La higiene en la ciudad es muy importante, no sólo por aspectos visuales sino también olfativos y auditivos. Aun cuando la infrasestructura entregada a nivel de municipio tenga todos los cuidados en los proyectos que se realizan y en la conservación en la mejor de las formas a lo largo del tiempo, es indispensable que los vecinos valoren estos esfuerzos y sean un agente activo de mantención de estos espacios. Con esta idea, se intenta difundir que los vecinos al usar los espacios públicos, tales como parques, plazas o avenidas, al terminar su estadía o recorrido dejen el lugar igual o más limpio que cuando llegaron. Enseñar a habitar el espacio de todos es una responsabilidad compartida entre todos los agentes, desde la familia, los gobiernos locales y los medios de comunicación. Preservar nuestras ciudades del modo más limpio posible permite una mejor convivencia en todos los sentidos. Esta limpieza no radica sólo en no botar basura a la calle, sino también no rayar ni grabar en suelos ni muros con consignas personales ni de equipos de futbol ni de política -a no ser que sea una pieza de arte urbano tipo graffiti autorizado, lo cual apoyo-; y por su puesto hacerse cargo de las fecas de nuestras mascotas las cuales son responsabilidad del dueño quitarlas del lugar.

Junto con los aspectos mencionados anteriormente, me parece que la buena ciudad también debe poder ser buena nocturnamente. Los tres tipos de intensidad de relaciones interpersonales también deben lograrse de modo correcto al caer la noche. Como actividad primaria se considera la circular correctamente, y desde esta perspectiva, supone necesario entonces que las condiciones de luz en las zonas por las que transitan los vecinos deben permitirles identificar -como mínimo- los cambios de niveles de suelos, la condición de las superficies que pisan, la morfología de los lugares que recorren y los elementos elementos urbanos de infraestructura que se encuentren presentes. Pero ya que al transitar no sólo nos encontramos con volúmenes estáticos sino que también con el dinamismo de las personas que en él se desplazan, es indispensable para una buena condición lumínica urbana reconocer la actitud que traen las personas con quienes nos encontraremos en la acera. Este concepto se conoce como “percepción de seguridad” según lo explica el profesor Enrique Piraino (UCV, Chile), dando a entender que es imposible garantizar la seguridad a las personas sólo por el hecho de que haya más o menos luz, sin embargo, esa “sensación” si puede ser lograda cuando existe un correcto sistema de alumbrado público para las características del lugar, otorgando estándares lumínicos deseables.

Junto con circular, el “estar” o permanecer en un sitio es otra de las actividades. Ya sea para descansar, contemplar o tener un tiempo de ocio, es necesario entonces entender que la iluminación debe jugar otro rol más complejo, debe generar una atmósfera adecuada para la permanencia en el tiempo, y esta condición implica una percepción confortable de si mismo y el contexto.

Complementando lo anteriormente mencionado, es posible potenciar lumínicamente con un valor estético hitos arquitectónicos, culturales o naturales propios dándole jerarquía al sector en el que se emplaza, permite que los vecinos disfruten de su barrio y lo vivan en la condición nocturna. Cuando las familias se toman el espacio público de noche eventualmente debiese aparecer más actores relacionados con la vida de barrio (comerciantes, actores recreativos, etc) tendiendo a disminuir la delincuencia en el sector (o al menos desplazarse), generando así una suerte de círculo virtuoso que permite devolverle la dignidad y seguridad a los vecinos del lugar. Junto con esto, si los proyectos están bien resueltos, entre corto y medianos plazos se puede mejorar la plusvalía de un barrio, dado que el barrio se convierte en una “postal”, en una imagen nocturna “deseable” en el imaginario colectivo de la comunidad, invitando a nuevos actores a formar parte de él, y a nuevos vecinos.

Una ciudad será una buena ciudad cuando el sistema completo del que se constituye funciona sincronizádamente. Los sistemas son complejos y los actores de estos sistemas pueden jugar un rol fundamental cuando trabajan unidos y en pro de una misma causa, como los son los gobernantes locales, los vecinos y las empresas. Este tipo de estrategias WIN-WIN son la clave para obtener los mejores resultados, donde no sólo la rentabilidad económica es lo que debe preverse sino comprender que las ciudades deben estructurarse para las personas y por las personas desde el primer momento. Cuando todo resulta bien, las personas pueden vivir y hacer propio su barrio, las oportunidades económicas probablemente también vean la luz.

 

Catalina Harasic Gil | Urbanismo Emergente | Magister de Arquitectura del Paisaje | FADEU | UC

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