Una Ciudad Justa

¿QUÉ HACE DE UNA CIUDAD UNA BUENA CIUDAD?

Una buena ciudad debe ser capaz de asegurar el potencial desarrollo humano, físico, económico y político de sus ciudadanos. Para lograr esto debe ser justa y equitativa con todos los tipos de habitantes que la componen, siendo capaz de entregar igualdad de oportunidades mediante el diseño, organización y estructura urbana.

 

Las ciudades se encuentran en un crecimiento continuo, mediante el crecimiento o la urbanización de nuevas zonas de manera espontánea e irregular. Para 2025 el 70% de la población vivirá en áreas urbanas, lo que generará un crecimiento aún mayor de las manchas urbanas y la aparición de nuevas zonas urbanizadas. Esto ha llevado a una poca planificación y diseño de este crecimiento, creando una fragmentación espacial y social en aumento de las ciudades. Este problema es cada vez mayor, convirtiéndose en una de las principales preocupaciones de los líderes urbanos al momento de pensar en el diseño de las ciudades. Esta fragmentación ha llevado a una gran parte de la población a vivir en zonas vulnerables con bajos estándares de vida y poco acceso a los servicios de la ciudad.   (Narang, S.)

 

El crecimiento explosivo y desordenado de las ciudades es una de las principales causas de la fragmentación espacial, creando una ciudad dividida en diversas zonas sin un centro. Esta fragmentación ha sido posible gracias al desarrollo automotriz, ya que ha permitido desplazamientos de mayor distancias con un menor esfuerzo. Esto, a su vez, ha generado la dependencia del auto para la movilización y los quehaceres del día a día.  Por otra parte, se ha generado una marginalización económica producida por la disparidad de acceso al mercado laboral y una segregación social producida por la disparidad de acceso a bienes, servicios e infraestructura urbana, generando barrios y guetos aislados entre sí.  (Narang, S.)

 

Esto ha llevado a un descontento generalizado en las grandes urbes plasmado en una serie de manifestaciones sociales en búsqueda de una ciudad más justa, equitativa y amable con todos sus habitantes, dónde se reclama por la falta de servicios, infraestructura y seguridad ciudadana. Una ciudad justa que responda  a los diferentes tipos de personas que ocupan la ciudad, pobres y ricos, jóvenes y adultos; pudiendo integrarlos y generar una mayor co-dependencia de los mediante las relaciones socio-espaciales producto del encuentro en el espacio público.

 

Shipra Narang propone tres líneas de acción para generar ciudades más inclusivas y amigables con sus habitantes. La primera se refiere al tejido urbano y cómo podemos disminuir la existente segregación espacial proponiendo un mix de usos y sistemas mediante un tejido urbano inclusivo e integrado. La segunda línea de acción se refiere a la necesidad de crear y potenciar las comunidades urbanas y la relación entre ellas mediante el espacio público y momentos / actividades de interacción, generando una sociedad civil más fuerte y cohesionada. Por último, se refiere a una economía urbana más inclusiva que logre entregar un mix de usos y actividades económicas a diferentes escalas entregando oportunidades y servicios accesibles a toda la ciudad.

 

Para poder desarrollar estas líneas de acción es necesario modificar de manera drástica  distintos aspectos e infraestructuras urbanas. Un caso ejemplar sobre este cambio de paradigma urbano es la ciudad de  Bogotá, la cual, mediante una serie de intervenciones urbanas, ha logrado cambiar su imagen y, más importante aún, la manera en que sus ciudadanos viven y se desarrollan en la ciudad. Este cambio fue desarrollado entre los años 1995 y 2003, durante las alcaldías de Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y un segundo período de Mockus. Estos dos alcaldes tuvieron una voluntad política de cambio de la ciudad de Bogotá por medio de la intervención urbana.

Para ambos ex- alcaldes de Bogotá, (Mockus y Peñalosa) hasta entonces la forma en que estaban construidas las ciudades estaba determinada en gran parte por la igualdad y la justicia social, lo que convertía a Bogotá en una ciudad tremendamente poco igualitaria.  Con esto en mente se comenzó a buscar no sólo una ciudad más segura, sino también una Bogotá más hermosa y más feliz.” (Plataforma Urbana)

 

La primera intervención realizada por Mockus consistió en la re-educación cívica de Bogotá, buscando la concientización de los habitantes sobre el concepto de que la ciudad la creamos todos. Así comienza una campaña de autorregulación que promueve la seguridad y un mayor compromiso de la sociedad civil sobre el funcionamiento urbano.

“A partir de estas líneas Mockus, en su primer período como alcalde mayor, comienza campañas de autorregulación, como la realizada en la 19º Avenida, donde los propios habitantes eran quienes se encargaban de entregar la sanción social sobre el comportamiento que debían mostrar los ciudadanos.”

(Plataforma Urbana)

 

Una vez que comenzó la autorregulación social los índices de violencia disminuyeron considerablemente y se consolidó un sentimiento de identidad y amor a lo público dentro de los habitantes mejorando considerablemente la opinión pública sobre Bogotá. Según D. Sim, “una mejor calidad del medio ambiente urbano, mayor vida urbana generará”. De esta manera, se posiciona como elemento fundamental en la manera de vivir la ciudad la forma en cual la percibimos.

 

Luego del primer periodo de Mockus, Enrique Peñalosa pone en carpeta la importancia del diseño e intervención urbana mediante la creación de nueva infraestructura y espacios públicos como motor de desarrollo urbano y disminución de la segregación socio-espacial de la ciudad de Bogotá.

 

En cuanto a la infraestructura, Peñalosa le otorga una gran importancia al transporte y sus distintos medios. La eficiencia del transporte puede llevar  a bajar en gran porcentaje los niveles de contaminantes en las ciudades al ser uno de los principales contaminantes por polución y emisión de carbono, llegando a producir el 70% de la contaminación mundial. Además de reducir la contaminación energética, una ciudad con sobre congestión automotriz tiene altos niveles de contaminación acústica y conflictos sociales y económicos debido a la gran pérdida de tiempo en la movilización diaria.  Aunque el transporte es un medio útil para acortar las distancias y, así, permitir un crecimiento más expandido de las ciudades, la sobre utilización del automóvil ha generado la creación de mayor cantidad de infraestructura restringiendo cada vez más el espacio de los peatones. (Gehl, J.)

 

Una de las maneras de reducir los altos índices de congestión vehicular es invertir en un sistema de transporte público de calidad y eficiencia. El transporte público es 12 veces más eficiente que el privado (Ortuzar) y, por lo tanto, al aumentar la cantidad de microbuses por  sobre los autos privados puede reducir considerablemente la contaminación, utilizar de manera más eficiente la infraestructura vial y reducir los tiempos de demoras causados por la congestión. En Bogotá se implementó un nuevo Sistema de Transporte Integrado al cual Peñalosa llamó “Transmilenio”, que incluye una red de ciclorrutas y futuras infraestructuras ferroviarias y de metro. Este sistema consta de vías y paradas exclusivas para buses, separándose del transporte privado con facilidad de transbordo entre los sistemas. Hoy en día más de un millón y medio de personas utilizan el transmilenio diariamente, beneficiando principalmente a los más necesitados de Bogotá, permitiendo un transporte más justo y una ciudad mejor conectada y menos contaminada.

 

Cómo antes se mencionaba, Peñalosa también invirtió en crear un sistema efectivo de ciclovías, las cuales aseguran traslados más rápidos en tramos cortos que el transporte motorizado, la calidad de vida de los usuarios se ve mejorada al volverse personas no sedentarias y, a su vez, es un medio de transporte no contaminante. Este tipo de transporte juega un rol fundamental a la hora de equiparar las oportunidades entre los habitantes de la ciudad, ya que es de bajo costo, baja mantención y puede ser utilizado por cualquiera. Las ciclovías comunes utilizan un espacio considerablemente menor en proporción al automóvil y son capaces de transportar hasta cinco veces más personas que un carril de autos. (Gehl, J.) Es por esto que la reducción del espacio del auto privado da espacio a medios de transporte más eficientes, reemplazandolo por mayor espacio público para el peatón, permitiendo un mayor ancho de veredas y, así, mayor posibilidades para que se desarrollen actividades en ellas.

 

La calle juega un rol fundamental en la imagen que tenemos de las ciudades, las veredas y los espacios peatonales son los elementos que le dan identidad y calidad al espacio urbano. Cada ciudad tiene un carácter propio y es aquí donde el perfil de la calle puede definir de manera radical que cosas pueden ocurrir y cómo percibimos el espacio público. La calle, desde el inicio de las urbanizaciones, ha sido el lugar de interacción social, albergando las actividades económicas, políticas y sociales que dan vida a las ciudades. Las ciudades existen gracias al roce humano producto de vivir en comunidad y en densidad. Con la llegada de la industrialización, el espacio urbano de la calle se vio disminuido por la necesidad de crear infraestructura para el albergar la gran cantidad de autos que incrementan en las ciudades diariamente. Es por esto, que la disminución del espacio utilizado por el auto es un buen comienzo para potenciar un mejor diseño de las veredas y su relación con edificios y construcciones.

 

El potencial de una ciudad está en la capacidad de generar relaciones y tener espacios públicos activos que generen oportunidades sociales y culturales, otorgandole una serie de servicios que permiten tener una ciudad más accesible a todos sus habitantes.

“Es igualmente urgente el fortalecer la función social del espacio urbano como lugar de encuentro que contribuye a los objetivos de sostenibilidad social y una sociedad abierta y democrática”

(Gehl, J.)

Para esto, es necesario  lograr una cierta intensidad en las veredas, ciudades donde se camine, se ande en bicicleta y se pueda permanecer en el espacio de la ciudad. Para poder lograr esto, es necesario que la ciudad entregue una estructura necesaria para poder realizar cortas distancias a pie, espacios públicos atractivos y una variación de funciones urbanas que le den vitalidad. Además, la cantidad de personas que circulan por una calle también define la seguridad de la misma, ya que más ojos puesta en ella, apropiándose del espacio público y permaneciendo en él, es menos probable que se den situaciones de riesgo. Además debe ser lo suficientemente interesante para tratar con turistas y visitantes cómo con los que la utilizan diariamente:

“Si una calle está bien equipada para tratar con los extraños y establece una buena y efectiva demarcación entre espacios privados y espacios públicos, y además posee como algo propio una serie de actividades básicas y su correspondiente dotación de ojos, entonces cuantos más extraños haya más divertido”. (Jacobs, J.)

 

La revitalización de áreas urbanas deterioradas mediante mejoramiento de la calle o la creación de nuevos espacios públicos se ha vuelto también una de las maneras para cambiar la imagen de una ciudad y volverla más justa y de calidad para todos. Enrique Peñalosa tomó una difícil decisión en su mandato al cerrar y demoler un antiguo barrio llamado “Cartucho” en el casco histórico de la ciudad. Esta zona era foco de violencia y marginalidad, que durante los años se consolidó como uno de los lugares más peligrosos del centro de Bogotá. A pesar de una serie de masivas marchas civiles en contra de la demolición por el desalojo de una gran cantidad de familias en situación de riesgo social, el alcalde continuó con su plan y logró convertir “Cartucho” en un gran espacio público de calidad y revitalizar el centro deteriorado. Hoy en día hay una gran plaza dura que permitió re activar  las construcciones de alrededor y poder beneficiar a un mayor número de personas.

 

Otorgar espacios públicos de calidad se torna en un elemento fundamental para la reactivación de las ciudades y, a su vez, poder otorgar una mejor calidad de vida a sus habitantes. En ellos se generan actividades diversas, las cuales difieren de la rutina y ofrecen alternativas, generando un mix de usos en torno a estos y, que dan un carácter al lugar donde estan emplazados. Por otra parte, el tener espacios públicos activados genera una mayor seguridad en torno a estos, debido al gran número de ojos puestos en él, creando una sensación de tranquilidad mientras se disfruta la ciudad.

 

Por otra parte, una ciudad justa debe entregarle a sus habitantes una mínima cantidad de áreas verdes o zonas de dispersión que promuevan la vida saludable y el ocio. Divertirse y tener lugares esparcimiento son vitales para la disminución del stress y para mejorar la calidad de vida. Así mismo lugares en los cuales se pueda hacer deporte y llevar a los niños a jugar de forma segura pasan a ser de gran importancia para la vida de los ciudadanos. Lo más importante es pensar los espacios públicos cómo lugares de uso diario y que deben servir tanto a los visitantes cómo a las personas que transitan a diario por ahí.

 

“Para que las personas están tentadas a caminar y permanecer en el espacio de la ciudad es, en gran medida, cuestión de trabajar con cuidado con la dimensión humana y la emisión de una invitación de la tentadora”

(Gehl, J.)

 

Para lograr esto, es necesario diseñar ciudades a escala humana, del peatón. Un diseño que entienda cómo se desarrolla la vida en la ciudad y en cada barrio de esta y responda a las necesidades básicas mencionadas anteriormente. El diseño de la ciudad como un gran elemento por sí solo, genera la exclusión de ciertos aspectos que afectan el día a día de sus habitantes, generando muchas veces lugares en los que no pasa nada. La ciudad debe ser capaz de responder a un grano mucho menor, el de las personas, entregando lugares que fomenten el desarrollo personal, económico, político y social de sus habitantes, generando interacciones que posibilitan el crecimiento de nuevas relaciones humanas, ya que, después de todo los seres humanos nos caracterizamos por vivir en comunidad, a pesar de que hoy en día cada vez nos individualizamos más y más. Es por eso, que una buena ciudad debe asegurar equidad, fomentar las relaciones entre personas y responder a las necesidades ambientales y de salud que necesitan sus habitantes.

Bibliografía:

 

Gehl, Jan, 1936. Cities for People. Washington: Island Press, 2010. (p. 1-29; 105-110)

 

Jacobs, Jane, 1916. Death and Life of great american cities. New York: Random House, 1961 (p. 29 – 54)

 

Narang, Shipra (2013). Building Inclusive cities for all. En R. Locke. (Ed.), Shifting from Objects to Places (p. 23 – 31). Estocolmo, Suiza.

 

Sim, David (2013). Human Dimension and quality of cities. En R. Locke. (Ed.), Shifting from Objects to Places (p. 114 – 126). Estocolmo, Suiza.

 

  1. Dalsgaard, Andreas (2010). Documental: Cities on Speed – Bogotá Change. Upfront Films – Danish Film Institute & Sundance Channel -NHK.  Recuperado de http://vimeo.com/14620533


Barrientos, N. (2011, 9 de Marzo).  Bogotá Change, la transformación social a partir de la ciudad. Plataforma Urbana. Recuperado de http://www.plataformaurbana.cl/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s