ESPACIOS DE LA CIUDAD.

Desde las primeras civilizaciones, la existencia de las ciudades ha estado asociada a la agrupación de personas en torno a un lugar y a una actividad. Borja (2000), plantea que la relación recíproca entre URBs, aglomeración humana en un territorio definido; CIVITAS, ejercicio de la ciudadanía en torno a la comunidad, la cultura y la cohesión; y POLIS, lugar de poder, de la política como organización y representación de la ciudad, es lo que determina la construcción de ciudad. Según esto, se puede caracterizar a la ciudad como un constructo colectivo, en donde la existencia de encuentros e intercambios son necesarios para la generación de la ciudadanía. Dichos encuentros, son  materializados en el espacio público, los que están determinados a su vez, por su uso de carácter público, y  corresponden al lugar donde la relación entre habitantes y el poder se materializa.

“ Al espacio público se le asigna la tarea estratégica de ser el lugar en que los sistemas democráticos ven, o deberían ver confirmada la verdad de su naturaleza igualitaria, el lugar en que los sistemas, el lugar en donde se ejercen los derechos de expresión y reunión como forma de control sobre los poderes, y el lugar desde el que esos poderes pueden ser cuestionados en los asuntos que nos conciernen a todos.

[…] Un espacio teórico se ha convertido en un espacio sensible: Lo que antes era una calle, es ahora un escenario para la comunicación y el intercambio, ámbito accesible a todos en que se producen constantes negociaciones entre los copresentes, siempre sobre la base de la libertad formal y la igualdad de derechos, todo ello en una esfera de la que todos pueden apropiarse, pero que no pueden reclamar como propiedad ” (Delgado, 2011).

 Entonces, si la base de la construcción de ciudades se encuentra determinada por la existencia de espacios colectivos de interacción, ¿puede la existencia de buenos espacios públicos asegurar una buena ciudad?

El indicador GINI equivalente a 0.5, el más alto de los países pertenecientes a la OCDE,  nos demuestra que Chile es un país con un alto índice de desigualdad, pero ésta no se limita únicamente al contexto económico, sino que también traspasa a la esfera espacial. Siendo Santiago la ciudad que concentra la mayor cantidad de personas, es también la que mejor refleja la realidad de esta segregación.

El índice de crecimiento de nuestra ciudad ha ido en aumento conforme han pasado las décadas, es decir, cada día son más personas las que vienen a vivir a la capital del país, fenómeno que ha sido enfrentado a través de políticas sectorialistas poco vinculadas entre sí. La falta de integración en la toma de decisiones y la focalización en la rentabilización económica, han derivado en la construcción de dos tipos de ciudades altamente polarizadas dentro de un mismo territorio político-administrativo. Si recorremos Santiago, podemos diferenciar a simple vista, los buenos y malos barrios, o dicho de otra manera, la buena y la mala ciudad. Ésto debido a la presencia de dos factores determinantes:  el primero corresponde a las tipologías para la construcción de viviendas, mientras que el segundo factor tiene relación con los espacios públicos con los que estos barrios cuentan. El estudio “Distribución, superficie y accesibilidad de las áreas verdes en Santiago de Chile” que catea los aportes de área verde por comuna al total de  área verde metropolitana (Reyes, 2010), demuestra que existen profundas desigualdades entre las 34 comunas existentes, encontrándose los factores de menor y mayor m2 de área verde por habitante, en La Pintana (2,4 m2/hab) y Vitacura (56m2/hab) respectivamente. De la misma , el estado de mantención que  poseen éstas áreas evidencian grandes diferencias a simple vista, por un lado, encontramos espacios públicos con presencia de basura, poco mantenidos y muy solitarios, por ende, peligrosos; mientras que por otro, espacios limpios, mantenidos y de alta densidad de uso.

El espacio público corresponde a la pieza unificadora de la comunidad, por lo que sólo se puede hablar de una buena ciudad cuando se asegura primeramente una ciudad para todos, y dado que ésta nace a partir de la relación entre sus habitantes, lo primero para asegurar una buena ciudad, es contar con un acceso igualitario a éstos espacios de uso común. Siendo Santiago una ciudad altamente consolidada, con pocos espacios tanto físicos como políticos para construir la ciudad desde cero, la transformación del espacio público podría ser una respuesta para generar equidad dentro de ésta.

Se puede establecer entonces, que existe una estrecha relación entre espacio público y percepción de ciudad, es por ésto que en la medida que mejores sean percibidos los espacios públicos de una ciudad, mejor percepción se tendrá de ésta misma. En este sentido, el espacio público se transformará en un indicador de calidad de ciudad, puesto éstos indicarán la  calidad de vida de sus habitantes. El problema es que  actualmente, los instrumentos de planificación en Chile, regulan el suelo urbano a partir de normas que velan por el espacio construido, lo que ha derivado en que las relaciones espaciales entre ellos sean el resultado de aquello que no se encuentra considerado, generándose problemas de continuidad y conexión entre los “espacios resultantes”, lo que viene a menoscabar la calidad de éstos.

Contar con espacios públicos que respondan a las necesidades de los habitantes, generará una mayor integración sociocultural de los mismos, pues éstos se encontrarán en constante convivencia, lo que finalmente se traducirá en un fortalecimiento de la identidad. En este sentido, es importante contar con espacios pensados a escala humana: calles, veredas, plazas y parques, habitables y accequibles, que faciliten la comunicación entre las personas que harán uso de éstos. Dicha escala se ha ido perdiendo en el tiempo debido a la instauración de un sistema liberal, que ha basado sus tomas de decisiones tanto en la rentabilización como en indicadores genéricos que poca información entregan sobre cómo los ciudadanos viven la ciudad.

Jan Gehl (2009) señala que un espacio público es  bueno cuando en él ocurren muchas actividades no indispensables, es decir, cuando la gente sale al espacio público como un fin en sí mismo. En este sentido, para acercarnos a ese fin,  es preciso difundir la noción común de que el espacio público nos pertenece a todos  y que es el escenario para grandes proyectos sociales,  así en la medida en que las personas sean actores activos del espacio común, generarán una apropiación y sentido de comunidad, lo que ayudará a empoderar a la ciudadanía. Tales casos de apropiación se han visto observado en este último tiempo, en donde la calle se ha transformado en el lugar de expresión de la población y la búsqueda de los cambios que la ciudadanía necesita.

Para Gehl, las actividades realizables por una sociedad en el espacio público son tres,  y se distinguen por el espacio que ocupan en la vida de las personas:  Las primeras son de carácter prácticamente obligatorio, corresponden a las realizadas en las tareas cotidianas y los tiempos muertos. Al ser obligatorias, el espacio en el que se desarrollan no influye en su realización. Las segundas son actividades opcionales, las que se desarrollan cuando las condiciones externas son favorables, por lo tanto la configuración del espacio físico y ambiental en el que se realizan es muy relevante. Finalmente, en torno a las terceras actividades, el espacio público y la calidad de éste adquieren especial importancia. Las actividades ocurridas en el espacio público son llamadas las actividades necesarias, las que deben desarrollarse en un  entorno ameno.  El desarrollo de este tipo de actividades se realizarán en cuanto mejores sean los espacios, puesto que esto determina la intensidad de uso y el tiempo de estadía en él. En este sentido, es importante diseñar espacios que potencien y faciliten el encuentro entre personas. Para ésto, Borja plantea 4 requisitos para asegurar la función de los espacios públicos, los que corresponden a: (1)Intensidad de uso derivado de un entorno activo y mixto, es decir un entorno con presencia de comercio y zonas residenciales; (2) Calidad formal, atribuido a la materialidad y el diseño del espacio; (3) Ordenación de los espacios de transición, a fin de generar matices entre los espacios públicos colectivos y los espacios privados de residencia; (4) Participación de la comunidad, vecinos y usuarios en la gestión de los espacios y en la realización de las actividades en estos espacios.

Un ejemplo concreto de la presencia de estos requisitos corresponde a la Comuna de Providencia, en donde encontramos una alta intensidad de uso de sus calles y plazas, debido a la presencia de comercio y servicios asociado a los primeros pisos de los edificios que se encuentran en torno a las avenidas Providencia y Nueva Providencia, existe también calidad formal dentro de sus espacios, debido a la existencia de recursos que han permitido contar con arquitectos y urbanistas de renombre cooperando en el diseño de la ciudad, así como también espacios de transición determinados en su plan regulador que a través de sus usos de suelo que limitan las zonas más comerciales de las netamente habitacionales. Finalmente, la comuna de providencia cuenta con variadas instancias de participación y consultoría ciudadana, por lo que al ser una ciudadanía altamente empoderada, tiene mucha incidencia en la manera en la que se ha creado su ciudad. Como ejemplo de ésto último, tenemos el caso de costanera norte, en donde mediante la organización lograron cambiar el trazado estipulado por el MOP.  Es así como Providencia, es la prueba más fehaciente de la necesidad de contar con políticas destinadas a la generacion de ciudades inclusivas, en las cuales exista una visión de ciudad, en las que la morfología urbana está determinada por los espacios públicos, solo así se podrá llegar a generar ciudades democráticas y por ende buenas ciudades.

Por otro lado, la vitalidad  de los espacios públicos es un factor determinante en la atracción y en la capacidad de integración, puesto que al asegurar el uso por parte de todos, se estará asegurando su diversidad. Si pensamos en el caso de las áreas verdes, Reyes y Figueroa, establecen que “desde el punto de vista social, un mayor tamaño de las áreas verdes –y de los espacios públicos en general– permite la realización de diversas actividades y con ello facilita la presencia simultánea de distintos grupos, por ejemplo niños, adultos y jóvenes. Los distintos grupos de edad tienen diversos requerimientos y utilizan de distinta forma los espacios públicos, razón por la cual la provisión de zonas diferenciadas es un factor que favorece la interacción entre ellos y la integración social en la escala del barrio o la comuna”.

Tanto para Jane Jacobs (1961) como para Jordi Borja (2000), la forma de urbanizar las ciudades no puede estar dada a partir de la segregacion de las funciones, ya que esto genera ciudades fraccionadas que atentan con la utilización del espacio público. Por ésta razón, las ciudades deben pensarse a partir de la mezcla de usos, transformando a la ciudad en un sistema inclusivo más eficiente y sostenible, puesto que permite que ésta sea vivible en su totalidad y no de manera sectorizada, evitando a su vez problemas de conectividad, que se traduce  encongestiónn vehicular y contaminación atmosférica, dos factores que disminuyen la calidad de vida de los habitantes. Permite además, la confluencia y el uso efectivo de los espacios públicos, al potenciar otros medios de transporte y de interacción social.

Para Jacobs, existen cuatro condiciones para la diversidad: Mezcla de funciones primarias; Manzanas de tamaño  pequeño; Mixtura arquitectónica; y  Densidad de población, las que nuevamente podemos observar en las comunas de mayores ingresos, capaces de responder a las necesidades de los habitantes, generando los estímulos pertinentes para la utilización de los espacios públicos, los que son utilizado no sólo por aquellos que son residentes, sino que también por quienes no viven en la comuna.

Actualmente se encuentra en el congreso una propuesta de Ley de Aportes al Espacio Público, que busca “la conformación de ciudades equilibradas, en las cuales no solo los recintos privados sean los adecuados, sino también los espacios públicos.”(Proyecto de Ley, 2012). Ésta Ley presupone una oportunidad para mejorar de manera sustancial los espacios de la ciudad y así disminuir la segregación, a través del pago en dinero por efecto de mitigación de impactos provocado por proyectos inmobiliarios de densificación, los que serán reinvertidos en espacios públicos. Este pago será entregado a las distintas comunas en las que estos proyectos se desarrollen y ellas deberán utilizarla en la implementación de un Plan de Inversiones en el Espacio Público (PIEP) que deberán desarrollar, y que deberá incluir  y que deberá incluir “todos los ensanches y aperturas viales contempladas en el respectivo Plan Regulador Comunal, además de obras de mejoramiento de las avenidas, calles y plazas, de construcción de parques y áreas verdes, y obras de equipamiento público”(Proyecto de Ley, 2012).

Si bien, esta propuesta de Ley presenta una problemática basada en el hecho que no considera una distribucion de los ingresos comunales –  debido a que el desarrollo inmobiliario se encuentra asociado a conceptos de rentabilidad y  las inversiones se generarán en aquellos lugares que son atractivos para los desarrolladores -, representa  una oportunidad para generar una política de desarrollo urbano que evite la sectorización de los valores sociales producidos por la ciudad, garantizando el acceso equitativo al espacio público que necesariamente debe ser diverso y de calidad a fin de incentivar su uso. Si esta ley, dentro de su ordenanza llegara a considerar la distribución de ingresos a nivel metropolitano, entonces las comunas con espacios públicos de mala calidad podría optar a mejorarlo, potenciando su uso y por ende la catalización de una ciudadanía diversa y participativa, asegurando así la construcción de una buena ciudad.

 

Bibliografía

– Borja, Jordi: El espacio público, la ciudad y la ciudadanía, 2000.

– Delgado, Manuel: El espacio público como ideología, 2011

-Gehl, Jan: La humanización del espacio urbano, 2009

-Jacobs, Jane: Muerte y vida de las grandes ciudades americanas, 1961.

– La Tercera: Chile el país con mayor desigualdad de ingresos (http://www.latercera.com/noticia/nacional/2014/03/680-570030-9-chile-es-el-pais-ocde-con-mas-desigualdad-de-ingresos-y-el-que-mas-lo-ha.shtml)

– Proyecto de Ley Aportes al Espacio Público, 2014

– Reyes, Sonia:  Distribución, superficie y accesibilidad de las áreas verdes en Santiago de Chile, 2010

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