LA APROPIACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO COMO MOTOR DE DESARROLLO URBANO Y SOCIAL. “Estudio y comparación de dos estrategias para la cesión y transformación de espacios en el área de Barcelona”

Ciudad  Conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas. Diccionario de la Real Academia Española

Cité Des de la Antigüedad, comunidad política dónde los miembros (los ciudadanos) se administran a sí mismos. Encyclopédie Larousse

City Centro de población permanente y altamente organizado de gran tamaño o importancia. […] En la mayoría de los casos, el concepto de ciudad se refiere a un tipo particular de comunidad, la comunidad urbana, y su cultura.  Encyclopaedia Britannica

El concepto de ciudad es una idea compleja desarrollada a lo largo de siglos, influenciada por características de la propia sociedad, cultura y historia. Las definiciones mostradas anteriormente reflejan las diferentes visiones culturales que puede tener el término ciudad. Cada definición muestra una manera diferente de entender una realidad propia de cada país, así como una visión distinta  y actual del concepto de ciudad según las diferentes culturas. Si comparamos estas definiciones, podemos observar que tan la definición española como inglesa presentan la idea de ciudad como un ente material, definido por sus características físicas tales como tamaño, densidad y infraestructuras. La ciudad se concibe como el resultado de una serie de características, más que una aportación de cualidades. En cambio, en la definición francesa el concepto de ciudad esta subyugado a las acciones de los miembros pertenecientes a ella. Son los propios ciudadanos, las relaciones entre ellos y sus conductas los que definen la ciudad.

Para entender el concepto original del término ciudad tenemos que estudiar sus raíces, de la palabra latina civitas. Ese vocablo se empezó a utilizar en la República Romana tardía (147 aC – 27 aC) para definir el cuerpo social de los cives (ciudadanos) unidos por la ley. Esa ley les daba un conjunto de responsabilidades (munera) y una serie de derechos, que les proporcionaba un “contrato” para mantenerlos unidos. Es decir, en el origen del concepto ciudad, esta se entendía como una consecuencia de las acciones de los ciudadanos, en vez de relacionarse con parámetros físicos y cuantificables. Estos ciudadanos, además, contaban con unos deberes y derechos que aseguraban el buen funcionamiento de la comunidad-ciudad. Volviendo a las definiciones anteriores, observamos una clara similitud entre el concepto francés y el latín original, dando al término un sentido mucho más social del que se desprende de las otras definiciones.

Actualmente, el concepto de ciudad presente en la mentalidad de los propios habitantes es más cercana a las definiciones española y inglesas. Se entiende la ciudad como un conjunto de calles y edificios, pero sin tener en cuenta la conducta de los ciudadanos ni ningún tipo de componente social. La ciudad se define por sus características tangibles o materiales, y no por su actividad, dinamismo y relaciones interpersonales. Esta manera de asimilar la ciudad produce en los ciudadanos un sentimiento de desarraigo, así como una falta de pertenencia al lugar. Estas metrópolis no responden al concepto original de ciudad-civitas, y por lo tanto no tienen un buen funcionamiento.

La ciudad que pertenece

Tal y como hemos observado en anterior apartado, el buen funcionamiento de una ciudad, así como de cualquier población suficientemente grande como para comportar cierta complejidad en las relaciones sociales, radica en las acciones de sus habitantes. Esas acciones, dirigidas a mejorar el engranaje de la ciudad, son asimilables a aquellas responsabilidades que los romanos otorgaban a los cives, y que se relacionaban directamente con el concepto de ciudad. Es decir, que un ciudadano es aquel que tiene unos derechos y unas responsabilidades como parte de una sociedad.  Para que el ciudadano realice ese tipo de acciones es necesario que desarrolle  un sentimiento de pertenencia al lugar, que lo perciba como propio. La ciudad tiene que pertenecer a sus ciudadanos, transformándose por ellos y para ellos.

La dificultad de las ciudades actuales radica precisamente a la hora de proporcionar ese sentimiento de pertenencia a sus habitantes, creando espacios impersonales sin escala humana. Una de las posibles soluciones sería que el espacio público, la materialización más directa de la idea de ciudad-comunidad a ojos del ciudadano, fuera siempre un espacio activo, dinámico, que se amoldara a las necesidades humanas. Es decir, un espacio público al servicio del público.

La importancia del espacio público no radica solo en su valor como generador de pertenencia, sino también en su condición de instrumento social. Un espacio público bien resuelto y activado puede servir como instrumento para se den esas acciones necesarias de los ciudadanos que se comentaban anteriormente, que a su vez repercutirán en el funcionamiento de toda la ciudad. Eso se materializa en un circuito en cadena, en el que un espacio público activo puede estimular otros aspectos de la ciudad-sociedad. De este modo, el espacio público no solo tiene valor por sí solo, sino por toda la sinergia que se genera, llegando a provocar un mayor nivel de participación ciudadana.

Los espacios públicos y su activación son responsabilidad de los órganos administrativos, así como facilitar los instrumentos necesarios para la participación ciudadana. De esta manera se asegura un buen funcionamiento de la ciudad, que facilitará el crecimiento de una sociedad sana. Es por esta razón que son indispensables las medidas impulsadas desde la administración para no solo la creación de nuevos espacios públicos, sino para el aprovechamiento y la activación de los existentes. Son necesarios los programas enfocados a fortalecer la simbiosis entre espacio público y asociaciones vecinales, plataformas u otros grupos de participación ciudadana. Cuando la administración no contempla estas necesidades de la sociedad y no facilita los instrumentos necesarios para que se desarrollen una serie de acciones sociales, es probable que la ciudadanía se apropie de esos espacios de manera no oficial.

A continuación se han elegido dos casos de apropiación de espacios públicos por parte de la ciudadanía dentro de una misma ciudad, Barcelona. En ambos casos se trataba de grupos de ciudadanos organizados que necesitaban un espacio donde desarrollar una serie de acciones dirigidas a mejorar la ciudad-sociedad. Sin embargo, en uno de los casos la iniciativa se promovía desde la administración, mientras que en el otro la apropiación se produjo unilateralmente por parte de un movimiento social. Esto provoca una metodología y resultado distinto, aunque el objetivo sea parecido.

El “Pla de buits”

Un buen ejemplo de estrategias de participación ciudadana es el “Pla de Buits” (Plan de Vacíos) impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona. Este proyecto pretende favorecer la implicación de la sociedad civil en la definición, instalación y gestión de una veintena de espacios vacíos para dinamizar los mismos e integrarlos en la ciudad. El ayuntamiento prevé ceder su uso temporal a entidades y asociaciones sin ánimo de lucro para que propongan usos y actividades temporales.

A raíz de esta proyecto surgieron numerosas propuestas, fruto de una masiva respuesta ciudadana. Los equipos propositivos eran grupos interdisciplinares totalmente voluntarios, que veían en su barrio unas necesidades solucionables con sólo el traspaso de un espacio en desuso. El verdadero reto empezó una vez cedido el espacio, traduciendo la idea en un gran ejercicio de autogestión y organización de los propios habitantes.

Las propuestas eran de diversa naturaleza, des de huertos urbanos, pasando por ágoras de reunión o talleres de bioconstrucción. Las sugerencias eran un reflejo directo de las necesidades del barrio, consiguiendo de esta manera una comunicación lineal entre ciudadanos y gobernantes.

En este caso fue desde la misma administración, la municipalidad, que se impulsó las medidas necesarias para asociar unos requerimientos sociales de un grupo civil con una carencia urbana, provocando con una sola acción una mejora urbana y social de la ciudad.

Este tipo de medidas promueven varios tipos de desarrollo de la ciudad. Por un lado se eliminan aquellos espacios residuales que no solo no participan de la ciudad, sino que pueden desarrollar aspectos negativos como inseguridad o suciedad. Por otro, tal y como comentábamos, el hecho de ceder la gestión de un espacio público a un grupo social crea un sentimiento de propiedad y pertenencia que promueve el desarrollo de acciones sociales por parte de los ciudadanos, que a su vez repercutirá en el buen funcionamiento de toda la ciudad. Por último, el espacio público es un instrumento de participación ciudadana que puede impulsar una cadena de activación de otros sectores de la sociedad y/o ciudad. Por ejemplo, una asociación con total disposición de un espacio público lo puede utilizar para promover actividades en todo el barrio, dinamizando de esta manera una área mayor.

El movimiento indignado

Otra propuesta, de un carácter totalmente diferente al anterior, de apropiación de la ciudad, es el movimiento indignado o 15M. Este es un movimiento ciudadano, que después de una manifestación por los derechos durante la crisis española, decidió acampar en varios sitios significativos del Estado Español, como Puerta del Sol (Madrid) y plaza Cataluña (Barcelona). Estos ciudadanos pedían una democracia más participativa, alejado del bipartidismo propio del país y del dominio de bancos.

Lo interesante de este caso es la necesidad de ocupar un espacio urbano para amplificar su mensaje. El movimiento transformó un espacio totalmente urbano, como es la plaza principal de la capital catalana, en un espacio doméstico, dónde la gente dormía, comía, reflexionaba, discutía y votaba.

A diferencia del caso anterior, en este ejemplo la apropiación se produjo unilateralmente por parte de la ciudadanía, hasta llegar a enfrentamientos con el gobierno. La plaza tomó gran simbolismo como espacio público propio, transformándose eventualmente en un lugar de reflexión, debate y crítica. En la apropiación de este espacio se puede observar la carencia de pertenencia comentada anteriormente, la necesidad de sentir que un espacio es para ellos y por ellos.

También en este caso se puede corroborar el efecto cadena de los espacios públicos activados. El movimiento indignado en Barcelona tomó la decisión de liberar la plaza Cataluña y evolucionó en grupos asamblearios organizados por barrios, que se reúnen en las plazas y proponen medidas de mejoras sociales y urbanas a escala comunal.

 

 

La ciudad de los ciudadanos

En ambos casos, la participación ciudadana se ha producido por la apropiación de un espacio urbano, ya sea a través de la administración (legalmente) , como en el primero, o pasando por encima de ella (ilegalmente), como en el segundo. La necesidad de los habitantes de hacerse suya la ciudad es una realidad que necesita afincarse y potenciarse. El sentimiento de pertenencia del ciudadano es necesario para que él mismo se empodere y promueva acciones en beneficio de la sociedad-ciudad. Una ciudad sana es una ciudad en continua transformación, que se amolda a las diferentes necesidades de sus residentes, a la vez que ellos reflexionan sobre los requisitos de la propia ciudad y responden en consecuencia. Es una relación cives-civitas en dos direcciones y cíclico.

Las ciudades actuales sufren de despersonalización y falta de identidad, siendo necesario la revisión del concepto romano de civitas. Recordar que el cuerpo social de ciudadanos no se puede definir por unos elementos materiales, sino por una compleja red de relaciones, comunicación y compromisos. La apropiación del espacio público por parte de la ciudadanía, activando y fortaleciendo la ciudad, promueve la concienciación del habitante de sus derechos y responsabilidades respecto a la ciudad. La administración debe asegurar el cumplimiento de esos derechos, como el acceso a espacios para desarrollar actividades, para promover que el ciudadano ejercite sus deberes.

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