LA CULTURA DE LA BASURA ; Del desecho al recurso material

LA CULTURA DE LA BASURA; Del desecho al recurso material 

Fotografía tomada por Killian Almann

¿Qué hace de una ciudad, una buena ciudad?

Para poder referirse a la calidad de una ciudad es esencial situarse en un marco histórico, político, económico, social y cultural de la misma. Creo que para caracterizar una ciudad es estrictamente necesario estudiar la persona que vive en ella, es decir, entender que ciudad y ciudadanos son parte de la misma problemática y no pueden ser entendidos por separado. Cabe entonces preguntarse ¿Buenas ciudades hospedan buenos ciudadanos, de la misma manera que ciudades inteligentes exigen ciudadanos inteligentes?

En primer lugar me gustaría enumerar características que hacen que las ciudades aumenten sus estándares de calidad y se conviertan en modelos óptimos de desarrollo. Es lo que anhelamos, ciudades limpias, iluminadas, conectadas, seguras, sustentables, saludables, justas, equitativas, con identidad, con espacios públicos de calidad, llenas de áreas verdes, con ciclovías, con barrios de usos mixtos, etc. ¿Es la suma indiscriminada de todos estos conceptos la solución a una ciudad contaminada y dominada por el flujo de dinero y la desregulación de un libre mercado?

En segundo lugar quiero plantear el conflicto existente entre los recursos utilizados y los recursos desechados. Actualmente la humanidad está produciendo una cantidad de basura grotesca que lo único que hace, es evidenciar el subdesarrollo y la inconsciencia hacia la relación entre hábitat y habitantes. Se produce y se tiene más de lo que se usa. Las personas, las ciudades y las sociedades gastan más energía y riquezas de las existentes, pudiendo llegar en un futuro, a agotar los recursos naturales del planeta, o en su efecto, a saturarlo de basura y desechos tóxicos.

En tercer lugar, creo necesario englobar los puntos anteriores en lo que estimo define una buena ciudad y buenos ciudadanos. Cuando se llega a entender que funcionamos inmersos en un ciclo y que el ser humano es parte de un sistema en el que no está solo, es recién ahí, cuando puede respetar la tierra y proyectar con ella, es ahí cuando toma conciencia de las acciones, y es en ese mismo territorio donde nace la apropiación y el empoderamiento. Porque el poder no es nefasto. Es lo que le permitió dominar la naturaleza para sobrevivir hasta hoy. Por esta razón, afirmo que una buena ciudad la hace el entendimiento de este ciclo que puede entenderse como el observar – entender – respetar – producir – consumir – reducir – reutilizar – reciclar, y hacerlo todo bajo el alero de la apropiación, es decir, hacerse cargo y responsable de los actos de producción y consumo. Es esa la forma en que cada habitante, finalmente, va a tener el control y el poder sobre sí mismo y los demás y va a sentir suya la responsabilidad de cuidar su casa, su calle, su vecindad, su tierra, su ciudad.

¿Se puede hablar de la basura como un indicador de calidad de vida o como fotografía del desarrollo de una determinada ciudad? Es bastante interesante plantear el conflicto entre niveles de pobreza, educación y desarrollo y cómo estos se relacionan de manera directa con la concepción que se tiene de basura y en cómo la ley se está haciendo cargo de irregularidades que ponen en riesgo tanto a vecinos como a la humanidad entera. ¿Qué se hace con la basura, dónde termina realmente lo que nosotros olvidamos en un contenedor verde dos a tres veces a la semana? ¿Todo lo que se bota es basura? ¿Por qué, una de las disciplinas más preocupadas por el bienestar de la ciudad como lo es la arquitectura, es la responsable del 80% de la contaminación de una ciudad causada por los escombros de la construcción? No es casualidad que, en Chile, los últimos veinte años haya aumentado considerablemente los niveles de desechos, basurales y vertederos a la par que la cantidad de torres de treinta y pico o más, pisos de altura. ¿Es responsabilidad y manejo de gestión estatal o pasa por falta de conciencia social y buenas costumbres de parte de la ciudadanía? ¿Es que acaso todavía no entendemos que para tener ciudades limpias se necesitan ciudadanos limpios?

De un informe del ministerio del medio ambiente en el que se dice que “En la naturaleza no existen residuos, todo es reincorporado al ciclo a través de las cadenas tróficas y de los ciclos biogeoquímicos, sólo en los ecosistemas con presencia antrópica se generan residuos” parece interesante partir por entender que la basura es un invento meramente humano y que hoy, cuando ésta se convierte en un peligro para sí mismo, surgen una serie de iniciativas que proponen mirar los problemas con un carácter propositivo y contra intuitivo, esto quiere decir, cambiarle el significado convencional que lleva cada palabra acuñada en nuestras mentes por siglos. Se pretende transgredir la relación entre significante y significado, entre problema y solución. Como ejemplo, se busca entender la basura como recurso material valioso y no como basura. Esta serie de problemas han surgido a raíz de diversos estudios que ponen en duda la calidad de vida, el nivel de desarrollo y los índices de felicidad de las personas, tan olvidado – y sin embargo fundamental – por el mundo contemporáneo.

Los residuos pueden ser definidos como objetos o sustancias que al llegar a su vida útil pueden tomar dos caminos; valorizarse o eliminarse. Por un lado, la eliminación puede causar diversas consecuencias como la afectación de las aguas, la alteración del tipo de flora y fauna en los lugares próximos, cambios severos en las propiedades de los suelos, emisiones atmosféricas tóxicas, enfermedades por higiene y salubridad, impactos en el paisaje, peligro de incendio o explosiones, mal olor, entre otras. Mientras que por otro lado pueden valorizarse cuando cada residuo es separado, reducido, reutilizado y reciclado. Es importante hacer dicha distinción debido a que esa acción es la que permite comprender el desecho como un recurso.  La materia orgánica se usa para hacer compost y mejorar suelos, los plásticos pueden ser aprovechados para hacer eco ladrillos y así, usando la imaginación, se pueden lograr grandes resultados con el mínimo impacto ambiental.

En Santiago ha sido un proceso largo y lento. Según estudios de la Corporación Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) en el año 1995 el total de residuos en Chile era botado en vertederos y basurales (muchos de éstos ilegales). Ya el 2005 el 60% se disponía en rellenos sanitarios que cumplen una serie de normas y exigencias técnicas, sanitarias y ambientales. Es un gran avance, considerando que al año 2009, de las 16,9 millones de toneladas de residuos, 6,5 corresponden a residuos municipales (el resto corresponde a residuos industriales) y 2,8 corresponden a la Región Metropolitana. Se han ido tomando bastantes medidas, sin embargo se hace imposible tener el absoluto control. Algunas regiones y comunas han tomado iniciativas notables, donde la educación medioambiental parte desde niños en los colegios formándoles el hábito y propagando estas ideas, que en realidad deberían estar en el inconsciente colectivo de cada persona. En San Antonio, “transformando la basura en un recurso”, en Aysén, “construyendo con eco ladrillos”, en Valdivia, “Recicla con la escuela Walter Schmidt”, en Nogales, “Sembrando Sustentabilidad”, en la comuna de La Granja, Santiago, “ASIPLA”. Todas estas son brigadas que se hacen cargo del cuidado del planeta y aportan en mejorar los índices de lo que muchas veces se desconoce su causa y sus mortales efectos.

Ahora bien, de dicho estudio, es preciso aclarar que en Santiago las tres comunas con mayor generación de residuos, son precisamente las tres comunas más pobladas. En primer lugar Puente Alto con 284.934 toneladas y luego le siguen Maipú y La Florida. En el puesto número 14 se encuentra Vitacura con cerca de 50.000 toneladas. Sin embargo, cuando se entra en detalle, llama la atención que Vitacura es la comuna que tiene la mayor generación de residuos per cápita. 2,09 Kg/día/hab. Maipú y  La Florida, generan 1,3 y 1 Kg/día/hab respectivamente. ¿Qué está pasando? ¿Por qué unos contaminan más que otros? La respuesta a esta pregunta parece estar directamente relacionada con el nivel de ingreso. Se habla de violencia estructural. Según un estudio hecho por ECOAMÉRICA con relación a vertederos y micro basurales se dice que “Los más pobres reciben el desecho del progreso que beneficia a otros estratos sociales. Este paisaje de la basura genera violencia y una particular cosmovisión de quienes cotidianamente tienen que habitar estos lugares”. Es una realidad un poco viciosa y el problema de fondo es bastante grande. En un país donde la educación y la cultura son un lujo para estratos sociales altos, es donde menos conciencia social y ambiental hay. Esto se debe a que existe una concepción errónea del progreso, de la imagen, de la marca y del real significado de desarrollo.

Según el primer reporte del manejo de residuos sólidos en Chile, al año 2009, Chile presenta casi 17 millones de habitantes y mantiene uno de los PIB más altos de América Latina. Además, al año siguiente, Chile pasa a ser el primer miembro pleno de la organización para la cooperación y desarrollos económico (OCDE) en América del Sur, ascendiendo a un nivel que impone y exige un alto estándar en cuanto a políticas públicas especialmente en materias sociales y ambientales. Así mismo, la cantidad de residuos desde el año 2000 al 2009 subió un estimativo de un 42%. El problema se encuentra en la distribución poco equitativa del PIB que finalmente, se reparte entre un porcentaje muy bajo de la población evidenciando las grandes diferencias en los sectores socioeconómicos existentes. No es casualidad que aumente el PIB, aumente la construcción y aumenten los residuos.

Es difícil plantear una solución, y más aún cuando unos abogan por una mejor ciudad y otros contaminan provocando mayor y mayor segregación. Juan de Dios Ortúzar, ingeniero en transporte, quien plantea idea simple donde “el que congestiona, que pague”. Me permito extrapolar dicha premisa a temas de medioambiente donde la contaminación y la generación de residuos sí deberían estar duramente tarificadas. Esto garantizaría el uso de mejores materiales, productos menos desechables y políticas internas que fomenten el cuidado y la responsabilidad por el planeta. Porque si no existe esa conciencia personal y la ambición por explotar todo los recursos se hace incontrolable siendo preciso ordenar, jerarquizar, prohibir y tarificar dichas prácticas.

El uso de la basura como material de construcción, de diseño, de cultivo, de moda, de ingeniería habla de la capacidad creativa de una sociedad. Habla de una apertura mental hacia un cuidado y una responsabilidad social. Habla de comprensión de un período histórico crítico y de la pro actividad por revertirlo. Somos basura porque producimos basura. Somos sociedades y culturas basura. Olvidándose de prejuicios y estilos, es muy necesario entender lo que en su esencia, significa la palabra sustentable, es decir, “algo que se puede sostener o defender con razones, por sí solo”. La sustentabilidad habla de autonomía, independencia, interdependencia, equilibrio e integración. Todos los puntos anteriormente expuestos pueden ser acuñados en el concepto de sustentabilidad. Una ciudad sustentable es aquella que no produce más de lo que tiene. Es aquella que recicla y reutiliza. Es aquella en que la basura no es entendida como un desecho, sino como una oportunidad y un recurso material más. Una ciudad sustentable es aquella que se hace parte del ciclo, lo comprende y lo optimiza. Es aquella en que sus ciudadanos son sustentables y colaboran en su desarrollo. Es aquella ciudad que se apropia de sus raíces, costumbres y tradiciones. Es aquella que busca las soluciones en su propia tierra y no en modelos externos de crecimiento. Es aquella que, independiente del problema a solucionar – transporte, seguridad, higiene, iluminación, etc. – hace una instancia colaborativa potenciando el empoderamiento de la sociedad y la apropiación del espacio. Así, las ciudades sustentables son las que, junto a sus ciudadanos, se cuidan, se limpian y se controlan a sí mismas. Porque una buena ciudad es democrática. Porque las obras de infraestructura y arquitectura no son la solución ni el fin, sino un medio que, cooperativo y participativo, contribuye a la solución de los problemas que el hábitat y los habitantes exigen y necesitan.

La sustentabilidad no puede convertirse en un lujo. Muy por el contrario, es un derecho, una necesidad y un deber de cada ciudad y cada ciudadano. Estamos convirtiéndonos en culturas de la basura donde el gusto errado por tener lo que no se necesita está haciendo que acumulemos y acumulemos basura y desechos en cada rincón de la tierra. Y esa basura no es sólo material y no se acumula sólo en la tierra, se gesta, se acumula y se adhiere en cada mente y pensamiento humano, dando origen a más culturas de la basura. Este deshecho material, intelectual y espiritual es el que debe ser repensado y utilizado a nuestro favor.

Por eso creo, que la mayor – y no única – evidencia de una mala ciudad es el uso que se hace de la basura. Es la fotografía del desarrollo y del progreso. Es el resultado de la radiografía de una sociedad enferma. Es la consecuencia de nuestro pobre pensamiento que aún no es consciente y no es capaz de hacerse responsable de lo que significa ser ciudadano y vivir en sociedad. Una mala ciudad nunca se hará cargo de sus industrias, no estará orgullosa de sus tierras, no respetará las particularidades de cada territorio, y hará vista ciega y oídos sordos a los simbolismos de cada cultura. Una mala ciudad es una ciudad sin respeto, sin vocación civil, sin democracia de verdad. Una mala ciudad es una ciudad desechable, es una cultura pobre y termina convirtiéndose en la misma basura que produce.

¿Qué hace de una ciudad, una buena ciudad? Creo que toda buena ciudad debe ser aquella que se haga responsable, con infraestructura responsable y ciudadanos responsables de los problemas que atañen a cada una y que son propios del lugar y no compartidos con el resto del mundo (el clima, la densidad, la geografía, entre otras, hacen único cada lugar y proclive a entenderse desde distintas aristas). Una buena ciudad entra en el ciclo de la sustentabilidad, definida, no como una competencia por tener certificaciones, sino como la ciudad que se hace cargo de un problema y no trata de justificar y adaptar cada proyecto a un reconocimiento internacional que finalmente es inútil, ilógico e irracional cuando se hacen esfuerzos por comprender el lugar propio. Una buena ciudad es la que está en vías de serla y sus ciudadanos están dispuestos a entrar en ese juego. Porque las buenas ciudades hoy, pueden transformarse en malas ciudades mañana. Las buenas ciudades deben estar renovándose y reinventándose cada día para no caer en la decadencia a la que han llegado muchas de ellas, para finalmente terminar convirtiéndose en una provincia más del desecho sumando otra cultura de la basura a la tierra, que por cierto, sobran.

Fotografía tomada por Fariborz Rahimi

Fotografía tomada por Fariborz Rahimi

 Gonzalo Manzur Chomali

Bibliografía

Juan de Dios Ortúzar Salas. “El garrote y la zanahoria”

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. “Desarrollo Humano en Chile. Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo”. 2012

Centro de Políticas Públicas UC. “Desafíos de las políticas públicas de gestión de residuos orgánicos en Chile para fomentar su reutilización en sistemas degradados”. 2013

ECOAMERICA. “Aumentan en Santiago Microbasurales y Vertederos Ilegales”. 2007

Ministerio del Medio Ambiente. “Educación Ambiental y manejo de residuos”. Revista Educación Ambiental. 2011

Ministerio del Medio Ambiente. “Informe del Estado del Medio Ambiente”. 2011

Comisión Nacional del Medio Ambiente. “Primer reporte del manejo de residuos sólidos en Chile”. 2010

Indicadores y estadísticas de páginas de la OCDE, Siemens, Ministerio de desarrollo social y observatorio urbano UC

Páginas consultadas relacionadas con reciclajes comunales y colectivos.

Reportajes El Mercurio. “A dónde va realmente la basura que reciclamos”. 2014

 

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