Ciudades para el desarrollo humano

“La verdadera necesidad es la que el ser siente de ser lo que es: el ave de volar, el pez de nadar y el intelecto de filosofar.  Esta necesidad de ejercitar la función o acto que somos es la más elevada, la más esencial”.

José Ortega y Gasset. “¿Qué es la filosofía?”

 

Una de las grandes problemáticas que presentan las ciudades del siglo XXI es su capacidad por alienar a los que viven en ellas, es decir, a sus ciudadanos. La falta de espacios para la dimensión humana, la sensación de inseguridad, la impersonalidad de sus calles y la contaminación de su medio ambiente – del aire, de la tierra y del agua- desarraigan al ser humano de su cualidad más esencial, que es la de ser en sí, la de vivir consciente de su propio ser. Uno de los mayores retos de aquellos cuyo trabajo o disciplina versa sobre la ciudad es entender las realidades físicas que permiten a los seres ser personas conscientes de su propio ser y de vivir en una realidad constituida no solamente por objetos sino también por otros seres que a su vez son personas, animales, árboles, objetos…

A continuación se presentan una serie de temas esenciales para el desarrollo humano de las personas que habitan las ciudades. Cuestiones que a menudo han sido olvidadas por los diseñadores de la ciudad, pero que a juicio del autor, son los factores constituyentes que convierten a una ciudad en una buena ciudad. Se entiende, por lo tanto, que todos ellos son los pilares que permiten que la ciudad sea un espacio para el desarrollo humano de sus habitantes.

 

Silencios

La primera de las cuestiones se refiere a aquellos espacios, aquellos momentos en los que la mente puede abstraerse, ensimismarse en su propio ser. Podrían considerarse los espacios básicos para el encuentro del individuo con su esencia. De la misma forma que las composiciones musicales tienen silencios o que las obras de teatro tienen entreactos que permiten a la mente recapacitar, las ciudades tienen lugares o situaciones que permiten a sus ciudadanos pararse a pensar en su propio ser y en su relación con la ciudad. La capacidad que tiene una ciudad para generar estos momentos permite que sus ciudadanos puedan tomar conciencia de sí mismos y de esta forma evitar el desarraigo permanente al que están sometidos en las metrópolis contemporáneas.

No obstante hay que apuntar que cada vez más la sociedad siente cierta animadversión hacia el silencio. Permanentemente los ciudadanos de las metrópolis necesitan estar conectados a un ruido de fondo; sea éste la melodía de una canción, o la conversación con un programa de mensajería instantánea. Prueba de este fenómeno se encuentra en el uso cada vez más predominante de aparatos electrónicos en los espacios públicos, cuya razón se puede atribuir a la búsqueda que tienen los ciudadanos por encontrar un ruido que llene sus pensamientos cuando se encuentran ante el silencio que imponen ciertas situaciones urbanas.

Revalorizar y potenciar el silencio que hay en ciertas escenas de la ciudad entendiéndolo como un factor positivo es una de las claves que construyen una buena ciudad.

 

Recuerdos

Las ciudades se construyen de recuerdos en las memorias de las personas. Los ciudadanos construyen mapas mentales de sus ciudades en base a como han vivido sus partes – sus calles, sus plazas, sus edificios, sus barrios…- generando así una estrecha relación entre la persona y su ciudad. La ciudad entendida como espacio para la vida de sus ciudadanos influye de manera decisiva en la identidad de éstos porque forma parte de la experiencia vital de ellos.

De la misma forma que el filósofo Gaston Bachelard observó que la casa se remite a la idea de hogar, entendido éste como espacio protector del propio ser, la ciudad, puesto que al final es una agrupación de hogares, habría que comprenderla como un gran hogar que da cobijo a los seres de las personas que lo habitan.

Las ciudades cuyos elementos urbanos son capaces de transmitir al ciudadano la idea de hogar son ciudades edificantes para las personas que las habitan. Son ciudades en las que el propio ser siente estar ligado a ellas, y por lo tanto, son ciudades en las que las personas se pueden identificar como tal y pueden establecer un vínculo entre su propia existencia y la realidad que las rodea.

 

Horizontes

La cuestión del horizonte fue una de las ideas fundamentales del urbanismo de la modernidad. Las primeras Siedlungen alemanas ya buscaban que sus habitantes pudieran encontrar de algún modo la cuestión del horizonte. Las ciudades contemporáneas, ya sea por la contaminación del aire o por el afán de aprovechar el suelo que crea calles sin luz diurna debido a los altos edificios que las conforman, no dan la posibilidad de que el ciudadano pueda disfrutar de los elementos esenciales de la realidad mundana: de la tierra (la tierra entendida como suelo sin haber sido tratado artificialmente, del cielo, y de la línea que los separa: el horizonte.

El ser humano, a lo largo de la historia ha buscado estos elementos como símbolos de una realidad más universal que la de su entorno más cercano, hecho que la ha permitido formularse muchas preguntas sobre su existencia y su propio ser. Es por esta razón que parece fundamental que para que las ciudades sean lugares donde sus habitantes puedan encontrarse a sí mismos, éstos puedan establecer relaciones directas con elementos pertenecientes a una escala universal de la realidad.

 

Diálogos

Por último las ciudades existen gracias a la convivencia de muchos seres humanos. Es condición indispensable que para que exista una ciudad sus habitantes tienen que interactúan entre ellos. De esta forma, la ciudad se convierte en el escenario para que estos fenómenos de interconexión puedan tener lugar. A menudo las metrópolis del siglo XXI no han sido capaces de crear espacios y situaciones propicias para que las personas tomen conciencia de que se encuentran en una comunidad, es decir, de que la existencia de su propio ser se nutre de la existencia de los demás seres.

Las ciudades en las que los ciudadanos pueden tomar conciencia de la existencia de otros ciudadanos son urbes en las que reina un ambiente de respeto, tolerancia y solidaridad. Son lugares en los que los seres se pueden sentir realizados como personas puesto que pueden existir en armonía con la realidad inmaterial que las rodea.

Se quería mencionar este tema como cierre de esta breve indagación sobre lo que hacía que una ciudad fuese una buena ciudad porque seguramente se trata de una problemática generalizada en las grandes ciudades de hoy día. Recuperar el sentido de la coexistencia de muchos seres en una misma ciudad va a ser el factor clave que permitirá que en un futuro las ciudades sigan siendo ciudades. De lo contrario, la humanidad habrá perdido una batalla que tiene pendiente, o quizás, ya se habrá perdido a sí misma.

 BATTERY PARK LANDFILL

Autor: Joaquim Sellas

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