“Prendiendo el Barrio”

alumbrado publico 06 a

Al estudiar los desafíos que propone una ciudad, se comprende que hay mil y una formas de abarcar esta respuesta, pero dada la cantidad de horas que vivimos la ciudad “a oscuras” limitaré darle respuesta considerando la noche como un factor determinante, de tal modo que se comprenda qué es lo que una buena ciudad entrega cuando la luz del día se ha ido.

Me gustaría partir considerando que una buena ciudad permite a los individuos que la habitan ejercer sus derechos de manera libre y espontánea y que la ciudad les permite este ejercicio. El espacio público tiene entonces que dar cabida a las diversas actividades que los usuarios puedan realizar. Como actividad primaria se considera la circular correctamente, y desde esta perspectiva, supone necesario entonces que las condiciones de luz en las zonas por las que transitan los vecinos deben permitirles identificar -como mínimo- los cambios de niveles de suelos, la condición de las superficies que pisan, la morfología de los lugares que recorren y los elementos que estos presentan (postes, grifos, mobiliario urbano entre otros). Pero ya que al transitar no sólo nos encontramos con volúmenes estáticos sino que también con el dinamismo de las personas que en el se encuentran o desplazan, es indispensable para una buena condición lumínica urbana reconocer la actitud que traen las personas con quienes se cruzan en el camino. Este concepto se conoce como “percepción de seguridad” según lo explica el profesor Enrique Piraino (UCV, Chile), dando a entender que es imposible garantizar la seguridad a las personas sólo por el hecho de que haya más o menos luz, sin embargo, esa “sensación” si puede ser lograda gracias a la correcta elección de luminarias de alumbrado público para las características de las superficies del lugar, otorgando estándares lumínicos deseables.

Junto con circular, el “estar” o permanecer en un sitio es otra de las actividades. Ya sea para descansar, contemplar o “pasar el rato”, es necesario entonces entender que la iluminación debe jugar otro rol más, debe generar una atmósfera adecuada para la permanencia en el tiempo, y para que eso suceda la luz debe ser confortable. Dentro de los parámetros para esta sensación se considera que debe evitar molestias visuales -como lo son el deslumbramiento y el flikering-  y entregar tener (o no, según el tipo de lugar de estancia) temperaturas de color agradables al contexto en el que se encuentra y reproducción cromática para comprender mejor el lugar en el que se está.

Como un aporte a lo anterior, que son factores mínimos que se le piden a cualquier barrio/ciudad, potenciar lumínicamente con un valor estético hitos arquitectónicos, culturales o naturales dándole importancia y/o jerarquía al sector en el que se emplaza, permite que los vecinos disfruten de su barrio y lo vivan en en la condición nocturna. Cuando las familias se toman el espacio público de noche eventualmente debiese aparecer más actores relacionados con la vida de barrio (comerciantes, actores recreativos, etc) tendiendo a disminuir la delincuencia en el sector (o al menos desplazarse), generando así una suerte de circulo virtuoso que permite devolverle la dignidad y seguridad a los vecinos del lugar. Junto con esto, si los proyectos están bien resueltos, entre corto y medianos plazos se puede mejorar la plusvalía de un barrio, dado que el barrio se convierte en una “postal”, en una imagen nocturna “deseable” en el imaginario colectivo de la comunidad, invitando a nuevos actores a formar parte de él, y a nuevos vecinos.

Pero, y volviendo al comienzo, como junto a los derechos se encuentran los deberes, el cuidado o mejor dicho “el no deterioro” intencionado de las luminarias de los espacios públicos es algo con lo cual la comunidad debe cumplir. La cantidad de proyectos emblemáticos que se encuentran actualmente “apagados” debido al vandalismo de unos pocos es abrumadora. En aquellos barrios donde hay descontento y una suerte de violencia implícita en la dignidad del barrio es más frecuente encontrar este tipo de problemas. Por el contrario, en aquellos barrios donde se vive familiarmente de noche en el exterior se percibe un cuidado mayor en la infraestructura general, no sólo en las luminarias sino en todo lo que el concepto implica, permitiendo que el ritmo de vida nocturno permanezca y/o se conserve en el tiempo.

Entonces, uno de los factores que me parece determinante respecto a que hace de una ciudad una buena ciudad es que incorpore infraestructura que le permita a la comunidad vivir de manera grata y no sólo digna. A medida que los municipios entregan estos beneficios a sus comunidades muestran el compromiso que tienen frente a su comunidad y este ejercicio siempre recibe buenas respuestas de parte de los vecinos. La búsqueda incansable por mejorar su condición de vida se agradece de modo colectivo y las respuestas positivas emergen espontáneamente. La generación de círculos virtuosos es una reacción en cadena que afecta en distintas escalas y cada usuario se vuelve parte de ella; y la iluminación es un ejemplo claro de cómo estos conceptos se aúnan para que una ciudad se vuelve una buena ciudad al “prenderla” correctamente.

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