CIUDAD CIUDADANA.

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¿Qué hace de una ciudad, una buena ciudad?

Frente a ésta interrogante, es necesario precisar que una ciudad es un sistema complejo compuesto de múltiples variables. Generalmente se suele pensar que una buena ciudad, es aquella estable económicamente hablando, una ciudad capaz de proveer fuerzas de trabajo que les permita a sus habitantes generar capitales, a fin de poder desenvolverse en ella y activar un sistema cíclico de dependencia. Pues si bien este es un factor importante a considerar, representa sólo uno de los múltiples puntos de vista existentes.

Cuando pensamos en ciudad, generalmente se nos vienen a la cabeza los edificios,  los autos y las autopistas, sin embargo nos olvidamos que sin ciudadanía no hay ciudad, es decir, una ciudad sólo podrá ser tal en la medida en que esta sea habitada, esto debido a que la ciudad en sí misma, corresponde a un hecho colectivo en donde se generan intercambios y encuentros entre ciudadanos. Tales encuentros, son materializados en el espacio público, el que a su vez, se define por su carácter de tal, es decir, por su uso público.  Éste, debiese ser diverso tanto en su forma, como en las personas que lo utilizan, y corresponde sin lugar a dudas en el elemento que le da vida y forma a la ciudad. En este sentido, es importante contar con espacios pensados a escala humana: calles, veredas, plazas y parques, habitables y accesibles, que faciliten la comunicación entre las personas que harán uso de ellos. Dicha escala se ha ido perdiendo en el tiempo debido a la instauración de un sistema liberal, que ha basado sus tomas de decisiones tanto en la rentabilización como en indicadores genéricos que poca información entregan sobre cómo los ciudadanos viven la ciudad.

Contar con espacios públicos que respondan a las necesidades de los habitantes, generará una mayor integración socio-cultural de los mismos, pues éstos se encontrarán en constante convivencia, lo que finalmente se traducirá en un fortalecimiento de la identidad que aportará a legibilidad de la imagen de ciudad. En un universo dominado por los espacios privados, el espacio público se vuelve la pieza unificadora de la comunidad, por lo que sólo se puede hablar de una buena ciudad cuando se asegura primeramente el acceso igualitario a estos bienes de uso común. Por otro lado, para generar apropiación y valoración por parte de las comunidades,  se debe contar con formas de gobernanza que aseguren la participación y colaboración de sus habitantes en el hacer ciudad, así se generarán sistemas sostenibles y pertinentes a las características sociales existentes, evitando que dichos espacios se transformen en focos de delincuencia o de apropiaciones indebidas, aumentando la seguridad de la misma, al tiempo que se disminuye la desconfianza en el espacio público.

Otro elemento a considerar, tiene relación con la densidad y la mixtura urbana de usos de suelo. Una ciudad densa y mixta, se transforma en un sistema inclusivo más eficiente y sostenible, puesto que permite que la ciudad sea vivible en su totalidad y no de manera sectorizada, evitando a su vez problemas de conectividad, que se traduce en congestión vehicular y contaminación atmosférica, dos factores que disminuyen la calidad de vida de los habitantes. Contar con ciudades compactas, permite la confluencia y el uso efectivo de los espacios públicos, al potenciar otros medios de transporte y de interacción social.

En una buena ciudad, las políticas de desarrollo urbano deben tratarse como políticas de Estado, trabajando de manera coordinada con las distintas variables que la conforman,  a fin de no sectorizar los valores sociales producidos por ésta, evitando el desarrollo focalizado y  garantizando el acceso equitativo al espacio público. Una ciudad funcional, es una ciudad coordinada, y ahí donde existe la coordinación debe obligatoriamente existir el diálogo. Es importante para el buen desarrollo de políticas públicas que exista una interrelación entre los actores públicos, privados y ciudadanos, a fin de que las distintas intervenciones en la ciudad se realicen sobre la base de acuerdos que priorizan el bien común por sobre los intereses personales de cada uno de estos actores. Cuando la ciudadanía se hace parte de la gobernanza, se genera mayor legitimidad social, lo que va por sobre los procesos políticos cíclicos, asegurando la continuidad de las buenas prácticas en la construcción de la ciudad. Una comunidad vinculada que actúe como agente de cambio, genera el desarrollo de una ciudad activa, inclusiva, integrada y diversa, una ciudad por y para los ciudadanos, una ciudad ciudadana.

 

 

 

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