La No-Ciudad: Prisión de pobres, paraíso de ricos

La No-Ciudad: Prisión de pobres, paraíso de ricos

¿Qué hace de una ciudad una buena ciudad?

La ciudad latinoamericana ha tendido a excluir a los pobres e integrar a los ricos al sistema, segregando el territorio e impidiendo la movilidad social y el desarrollo humano.

Es necesario crear una nueva concepción, donde la ciudad se convierta en un derecho y no un privilegio a través de la inclusión de los habitantes de menores ingresos. La mixtura se convierte así en una herramienta para surgir, y el contexto en el que se emplazan los conjuntos sociales un gatillante en el posible desarrollo que estas comunidades puedan tener.

Lo que mucha gente no ha entendido o ha postergado es el hecho de que una buena ciudad debe configurarse como un territorio de todos y para todos. La realidad es que en la gran mayoría de los países latinoamericanos, este derecho no existe para todas las personas, siendo la propiedad de la ciudad brindada a los más beneficiados de nuestra sociedad. En cambio, la población con menor ingreso es rechazada y trasladada a las orillas de la ciudad, en terrenos más económicos, alejados y por lo mismo exentos de servicios y oportunidades de desarrollo como comunidad.

Esto se ha  convertido en un patrón en las políticas públicas de nuestro país, donde lo que prima es la cantidad de viviendas sociales entregadas en vez del impacto que ellas generaran en su contexto. Así, se reduce la necesidad de techo pero al mismo tiempo se incrementa la desigualdad en la ciudad, creando guetos de desconocidos, suburbios de anónimos que no tienen la oportunidad de generar lazos con sus conciudadanos por ser relegados a la periferia.

Así, “de forma paralela a la reducción del número de familias en situación de pobreza se reproducen los patrones de exclusión y se profundiza la desigualdad social” [1], debido a que los terrenos brindados por el gobierno no tienen en su programa la planificación de servicio o el desarrollo humano que sus habitantes podrían realizar. Al contrario, se prohíbe el encuentro entre pobres y ricos y por ende se obstaculiza la posibilidad de desarrollo, empoderamiento y ganas de crecer que se produce al conocer otras realidades.

“La razón que consideramos, es que la formación de las políticas públicas tiene como vara de medición el grado de focalización de los recursos que, en un marco estructural de un estado subsidiario, se define por el número de subsidios entregados a los sectores denominados vulnerables, sin considerar el impacto redistributivo, el necesario reconocimiento cultural y la participación vinculante de las familias. En definitiva, a la par de estos resultados expuestos como “exitosos” se implican impactos negativos menos visibles de los que es responsable la propia acción gubernamental, que se reflejan, y más bien son la causa, de la insatisfacción con la vida de muchas familias de América Latina.”[2]

En definitiva, luego de régimen militar, los distintos gobiernos en nuestro país han incitado a la producción de distintas realidades principalmente en Santiago las cuales no se entrecruzan sino que se diferencian entre ellas cada vez más, desarrollando nodos de pobreza segregados y de riqueza conectados a la sociedad y a la ciudad. Tener mayores ingresos en Chile y Latinoamérica es imperativo de ser en parte dueño de la ciudad, mientras que vivir en la pobreza es participar como un sirviente para los fines de los más beneficiados.

Esta concepción es un error, ya que la vinculación entre los ciudadanos, sin importar su bolsillo, es necesaria para el crecimiento humano y por ende la realización de la ciudad, en la cual no debieran existir distintas realidades, sino solo una con distintos matices, propiciada por el gobierno, la ciudadanía y nosotros mismos como arquitectos. “Hoy existen muchas luchas en nuestro camino hacia el logro del mundo mejor; las ciudades para las personas y no para el lucro. Solo si todos los que sufren las adversidades de los acuerdos sociales se unen y actúan contra ellas, es posible que la fortuna efectivamente cambie y esas otras ciudades posibles se conviertan en realidad”[3] Así, el poder revertir esta situación y generar una buena ciudad es una tarea que esta en las manos de todos los que habitamos en ella.

La labor de las políticas públicas, la ciudadanía y los arquitectos

En primera instancia, las políticas públicas gubernamentales se han convertido en los principales actores encargados de la segregación de nuestra sociedad chilena. El proceso de subsidio que se ha instaurado durante más de 20 años ha creado sectores aislados en la ciudad de Santiago sin servicios ni oportunidades de desarrollo tales como los cientos de blocks dispersos en comunas como San Bernardo, La Pintana, La Granja, entre otros; todos proyectos de vivienda social de baja calidad con baja y casi nula inversión en temas de plusvalía de suelo.

A raíz de este modelo, se le ha negado a la población más pobre la oportunidad de crecer y surgir porque al mismo tiempo se les ha alejado de sus pares.

Una sociedad que no se conoce, no participa y no colabora es una destinada al fracaso, porque el pobre nunca dejará de serlo si no se le da la chance de crecer, conociendo una realidad distinta y participando en ella. Es así como los subsidios de viviendas en la periferia están generando jaulas donde sus habitantes nacen y mueren, esta prohibido moverse, salir y crecer, porque en una prisión no existe empoderamiento, no existe el encuentro con la sociedad.

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Blocks Bajos de Mena [Fuente: http://www.theclinic.cl]

Las políticas públicas chilenas y latinoamericanas deben comenzar a concebir ciudades en otra perspectiva, la de inclusión. Mediante ella, es posible generar movilidad en la sociedad, ya sea cultural, económica, política, entre otras, ya que poder ver otras realidades se convierte en el principal motor de desarrollo y participación en la sociedad; la inversión gubernamental y privada debe dejar de ser cuantitativa y comenzar a ser cualitativa, propiciando el encuentro y la mixtura de la ciudad, protegiendo a los de menos oportunidades y brindándoles herramientas para progresar.

Una de las soluciones ante este problema es la creación de barrios mixtos, donde personas de bajos ingresos vivan en comunidad con otras de mayores. “La mezcla de ingreso tiene también como objetivo “promover la interacción económica y social de familias de bajos ingresos con una comunidad más amplia, proporcionando así mayores oportunidades para la movilidad ascendente de esas familias.”

“Income mixing also aims to “ promote the economic and social interaction of low-income families within the broader communit, thereby providing greater opportunities for the upward mobility of such families.” [4]

Cambiar la mentalidad en el desarrollo de las políticas es posible si se comienza a invertir de manera importante en el contexto de inserción de las comunidades pobres más que en darles una vivienda completa en cualquier sitio.

Los casos de mixtura social en el mundo sirven como ejemplo para que Chile comience a replantear el financiamiento de sus proyectos. Uno de ellos es el “Armstrong Place Senior Housing” de la oficina David Parker&Partners ubaicado en la ciudad de San Francisco, EEUU.  El proyecto se desarrolla a partir de viviendas y departamentos, todos avocados hacia áreas comunes de encuentro, donde las familias pueden adquirir su propiedad desde $175,000 hasta $345,000, dirigido para la clase media, mientras que los departamentos son arrendados para personas de la tercera edad que van desde $0 para los adultos mayores sin hogar, hasta $635 por mes. De esta manera, cualquier adulto mayor tiene la oportunidad de vivir en ese sector, provisto de servicios, y al mismo tiempo convivir con gente de ingresos más altos formando una comunidad.

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“Armstrong Place Senior Housing” [Fuente: http://www.archdaily.com]

“El camino hacia la autosuficiencia se hace más simple si un barrio es planeado para ayudar a residentes con distintos ingresos a interactuar con el otro. Finalmente, los residentes pueden generar un verdadero orgullo cuando su barrio se ve y se siente como los barrios de la comunidad que los rodea.”

“The path to self-sufficiency is made easier if a neighborhood is planned to help residents with different incomes interact with another.(…)Finally, the residents can learn real pride when their neighborhood looks and feels like neighborhoods in the surrounding community.” [5]

Convivir con otros es así una de las maneras en que la sociedad puede encontrarse, conocerse e interactuar mediante acción gubernamental que pretende la inclusión en vez de la segregación. De esta manera, los barrios de ingresos pasan a ser  una herramienta más que un sitio.

Sumado a ello, como ciudadanos no podemos esperar a que nos den todas las respuestas a nuestros problema sino que es nuestro deber salir a las calles a idearlas y exigirlas. “Hoy existen muchas luchas en nuestro camino hacia el logro del mundo mejor; las ciudades para las personas y no para el lucro. Solo si todos los que sufren las adversidades de los acuerdos sociales se unen y actúan contra ellas, es posible que la fortuna efectivamente cambie y esas otras ciudades posibles se conviertan en realidad”[6]. Es nuestro deber convertirnos en actores activos del conflicto a través de fundaciones, organizaciones, colectivos, consejos o nosotros mismos como individuos empoderados a través de opinión y experiencia.

En el caso de Estados Unidos, en 2007 se funda la “Alianza por el Derecho a la Ciudad”, formada por 30 organizaciones más actores privados, la cual se dedica a proveer de derecho a las clases desposeídas por la sociedad: “ Todos los grupos congregados se enfrentan a enormes presiones de desplazamiento y gentrificación de sus comunidades. Hemos explorado las maneras en que el neoliberalismo y la privatización del uso de suelo han entregado nuestras ciudades a los promotores. (…) Sencillamente necesitamos una manera colectiva para hablar sobre el tema, planificar y desarrollar nuestro poder con términos en común.” [7]

De esta forma, la organización a partir de una participación colectiva es capaz de exponer los temas en la agenda diaria. Como chilenos tenemos el deber de realizar lo mismo, de apuntar con el dedo las injusticias que vemos o sufrimos día a día, los abusos de poder del sistema que no favorece a la pobreza, sino que le quita el derecho de habitar en nuestra ciudad, que los segrega y los relega. Así “el derecho a la ciudad es como un grito y una demanda (…) lo urbano, el lugar de encuentro, prioridad del valor de uso, inscripción en un espacio de un tiempo ascendido al rango de recurso supremo entre todos los recursos”[8], y es esta demanda la que hay que hacer valer, porque las soluciones las debemos proponer todos.

El caso de la Toma de Peñalolén muestra como los pobladores no se dieron por vencidos y exigieron los derechos que tienen como ciudadanos, no solo demandando sino proponiendo y participando en el proceso de reubicación:

“La toma de 1999 tiene los rasgos tradicionales de las tomas de terreno más emblemáticas de Santiago de Chile, y dio lugar a una organización eficaz de los pobladores que demostraron su voluntad por integrarse a la ciudad que los excluye. Lograron mostrar que eran actores indispensables. Protagonistas de la construcción de ciudad, al contrario de lo que muestra la política habitacional subsidiaria de los últimos treinta años, que reconoce solo dos actores, el estado y el mercado.”[9]

Necesitamos volvernos protagonistas en el desarrollo de la ciudad, para que no sea la acción gubernamental la que nos separe sino que tengamos voz y voto en la búsqueda del encuentro entre pares.

Por último, las políticas públicas y la voz de la ciudadanía no son suficientes para restituir el derecho quitado a la población de menores ingresos de habitar y convivir en la ciudad si nosotros mismos como arquitectos no propiciamos y cooperamos a partir de  nuestro oficio.

En la década pasada, participar de un proyecto de vivienda social en Chile era un regalo que solo era dado a grandes arquitectos, y de ahí nacieron conjuntos habitacionales de gran calidad que no solo velaban por la buena arquitectura sino por el buen urbanismo. Proyectos de la EMPART, CORVI y CORMU ubicados en comunas céntricas de Santiago que buscaban el encuentro entre distintos ciudadanos, el fácil acceso a servicios, una mejor calidad de vida, han sido olvidado para construir las prisiones de blocks en la periferia. Ya no se construyen más Villas Frei sino un conjunto de casitas apiladas sin luz, construidas por arquitectos anónimos que al parecer poco les fascina su profesión.

Afortunadamente hay excepciones como es el caso de Elemental, encargado de desarrollar un conjunto habitacional en una de las zonas más ricas de Santiago como es lo Barnechea en el área colindante a Las Condes. Allí, se optó por invertir en suelo más que en obra gruesa, dándoles a los residentes lo mínimo para vivir con la oportunidad de ellos mismos seguir desarrollando su vivienda, pero emplazándolos en un barrio donde no solo viven los pobres y que por ende en la realidad chilena esto equivale a un barrio con una gran variedad de servicios y oportunidades. A pesar de este valorable intento, el conjunto aún estando allí sigue aislado por no conectarse a las calles principales del sector y ser “amurallado por paredes y lomas que impiden la conectividad con los demás residentes de mayores ingresos en el barrio.

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Conjunto Lo Barnechea, Elemental [Fuente: http://www.elementalchile.cl]

La posibilidad de una ciudad inclusiva

A pesar de no ser 100% efectivo, este proyecto nos habla de que sí existen oportunidades para desarrollar una buena arquitectura que vele por la protección del derecho a ciudad de los más desamparados en nuestra sociedad, que es posible una arquitectura de calidad que no sea para la elite y que sí es posible construir una buena ciudad si unimos nuestras fuerzas desde nuestro propio oficio.

“El derecho a habitar reclamado por las poblaciones urbanas más pobres debe dejar de ser un anhelo para convertirse en un imperativo categórico. Una verdadera arquitectura jurídica internacional proporciona pautas para esta oportunidad, y ahora se trata de animarla, recurriendo a nuestra capacidad creativa. Tenemos el deber de imaginar, se trata ahora de poner en ejercicio”[10]

De esta manera, la acción gubernamental sumada a un interés de la ciudadanía y a una respuesta de nosotros como arquitectos hacia los problemas de la sociedad, son capaces de gatillar una nueva concepción de nuestro hábitat que pertenezca a todos y no solo a algunos, y que deje de darle soluciones a los que ya las tienen para brindarle oportunidades a las que no, aboliendo la segregación e incitando a la mixtura. “Ya que consideramos que otro mundo es posible, también creemos que otra forma de vida urbana es posible dentro y fuera de las ciudades”[11] Así, una buena ciudad es posible, y se debe configurar como una  de todos y para todos.

Javiera Godoy M.


[1] Ezquerra P, Renna H.. ¿Un horizonte para las políticas públicas?” En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 86

[2] Ezquerra P, Renna H.. ¿Un horizonte para las políticas públicas?” En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 87

[3] Marcuse P. ¿Los derechos en las ciudades o el derecho a la ciudad? En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 96

[4] Bennett L., L. Smith J, Wright P.. Where are poor people to live? : transforming public housing communities. ed.M.E. Shape, New York, EEUU 2006. P.260

[5] Bennett L., L. Smith J, Wright P.. Where are poor people to live? : transforming public housing communities. ed.M.E. Shape, New York, EEUU 2006. P.260

[6] Marcuse P. ¿Los derechos en las ciudades o el derecho a la ciudad? En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 96

[7] UrbanHabitat.org en Marcuse P. ¿Los derechos en las ciudades o el derecho a la ciudad? En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 97-98

[8] Lefebvre H., The Right to the City” In writing on Cities, ed. Eleonore Kofman and Elizabeth Lebas, London: Blackwell. P158

[9]Mathivet C, Pulgar C.El Movimiento de pobladores en Lucha; los habitantes construyen un lugar para vivir en Santiago de Chile” En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 86

[10] Fumtim J. ¿Construir la ciudad para y por los ciudadanos: el derecho a la ciudad en Africa”En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 86

[11] Marcuse P. ¿Los derechos en las ciudades o el derecho a la ciudad? En Ciudades para todos. ed. Sugranyes A, Mathivet C. Habitat International Coalition. Santiago, Chile 2011. Pag 102

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