El Espacio como Lugar

Una buena ciudad es la que es capaz de adaptarse a su contexto, entiende el territorio asumiendo que es parte de una estructura mayor, reconoce sus límites y comprende su forma. Al mismo tiempo, debe cobijar sus particularidades históricas y representativas, poseer patrimonio y proyectarlo, capaz de construir una imagen clara de ciudad, con carácter y atributos propios reconocidos por los ciudadanos. Una buena ciudad debe entenderse como un proceso evolutivo coherente, como un sistema vibrante y que tiene armonía entre las diferentes escalas. Ser una totalidad integral, con una lectura clara, con espacios para si misma, con recorridos y lugares de calidad variados, para dar respuesta a sus transeúntes y la sociedad completa que la habita, abocada a sus espacios públicos, de ocio, entretenimiento y a la movilización por sus calles y avenidas. Destaca la tensión recíproca que se genera en su trama, entendiendo siempre que el tejido se conforma en la horizontalidad de ella, esto se debe al gran factor unificador de la ciudad: la “interacción social” que aglutina y al espíritu de propiedad como claves de ella.- En síntesis una buena ciudad será la que es mas propia de ella, la que responde a su tamaño, forma, espacio, gente, -a su biodiversidad, “la que más se entiende así misma”.

A partir de lo anterior, podemos comprender en una primera línea que una ciudad está determinada por incluir una diversidad de atribuciones y de acuerdo cómo estas se originan o se adaptan a su contexto, habitaremos en ciudades distintas. Esta identidad se lee en todas sus escalas o se deduce de la totalidad, pero sin embargo la genética de la ciudad estará finalmente en los lugares, en sus espacios, en la percepción que los habitantes tienen de ellos y cómo los habitantes, la sociedad los ocupa. Bajo esta reflexión es que el lugar o los lugares toman la responsabilidad de la ciudad, contemporáneamente son objeto de estudios de diseñadores urbanos, cómo regeneramos lugares o cómo generamos dónde no los hay. Aparece de este modo, tomar como temática “el espacio como lugar” dentro un curso de Urbanismo Emergente. Espacio como lugar no se orienta de manera única a la forma y sus componentes, si no ah cómo estos se vinculan con las personas y la ciudad.

El “lugar” será entonces la medida mas pequeña de la ciudad y tendrá en cierta forma la condición de ella, dependiendo de la perspectiva que se observe como tal, por ahora es válido decir que la ciudad toma la condición de sus lugares como la sumatoria de ellos para la conformación de un sistema, en que la parte “lugar” será como un átomo de la misma. Es a través de la cualidad de los lugares que podemos comprender o recordar una ciudad, de la experiencia en ellos, de sus definiciones y de la particularidad de sus atmósferas. Podemos decir que hay lugares que se repiten dentro de una ciudad o también entre una ciudad y otra, sin embargo, resulta difícil pensar en la repetición cuando se engloban en un conjunto y por otra parte cuando se agrega una valoración de estos, ya sea histórica, social, económica, política, ambiental u otra, porque de acuerdo a esta perspectiva estaremos en posición de agregar que dentro de la ciudad existen los lugares con personificación, propios y claves como conjunto.

Comprendiendo el valor que tienen los lugares o que los lugares soportan los valores de sus habitantes, serán estas connotaciones relevantes en la proyección de la ciudad, ¿para quién estamos diseñando un lugar? ¿Cuál es el espíritu del lugar? y ¿Cómo este se relaciona con los otros? son cuestionamientos que de acuerdo a la lógica de la reflexión presente, no debieses omitirse. Resulta clara la importancia del espacio como lugar, cuando se inserta el urbanismo táctico como herramienta, en la transformación de los lugares, en hacer lugares mas cercanos para sus residentes y transeúntes, es bajo todo patrón que el espacio ahora “espacio como lugar” es capaz de agregar  todos los componentes horizontales, definir en fin de los mismo y establecer relaciones. Es por ello,  que este medio espacial tiene la posibilidad de unificar la ciudad, no bajo la palabra síntesis si no en la mediación de componentes urbanos.

En una concepción paralela el espacio para algunos arquitectos según se describe en el libro Espacio y Política de Henri Lefebvre, tiene para los idealistas trascendentales las siguientes características: vacío y puro, lugar por excelencia de los números y de las proporciones, del áureo número, por ejemplo; es visual, y , por tanto, dibujado, espectacular; se puebla tardíamente de cosas de habitantes y de usuarios. Esta teoría del espacio formal deja a la sociedad como un mecanismo matemático que es articulado por este, sin embargo para los sociólogos el espacio social es producto de la sociedad situado como la consecuencia y que se reduce a un rol funcional; por otro lado, está la hipótesis de que el espacio es la mediación de ambas, un procedimiento y un instrumento, un medio y una mediación. Para nuestros términos el espacio es un elemento distinto de la sociedad pero sin embargo dependen uno del otro y el lugar será el conjunto de atribuciones tanto de espacio y de la sociedad en un solo organismo.

Comprendiendo estas temáticas claves, el urbanismo táctico conforma como modalidad de trabajo en primera línea, espacio y habitantes en uno solo, es decir, tiene un desarrollo de lugar como una estructura común indivisible, el espacio y los habitantes en este sistema de trabajo parten y terminan desde el mismo punto de inicio y término, en otras palabras, este tipo de estrategias urbanas tiene la particularidad de construir objetivamente lugares, en que los habitantes son parte indiscutible del resultado, esto se explica porque la táctica construye con ellos dentro de un proceso participativo y comunitario. Aparece de esta forma, la posibilidad directa de hacer de un espacio un lugar, como una etapa posterior que reúne los componentes directos de la ciudad, una lectura de ella a partir de un lugar propio.

Para el urbanismo táctico el “lugar” suele ser el producto, la construcción de la experiencia creada, en escenario y escena. Cuando en el ejercicio de la estrategia táctica se agregan nuevos espacios para los habitantes tanto por conversión de los mismos o por la apropiación de otros, el espíritu de la finalidad es coexistir en “un lugar nuevo” a partir de los usuarios y de las características que el espacio convertido ah entregado. Esta acción de un nuevo hábitat desarrolla la convivencia con los otros en dónde todos perciben que se trata de un lugar nuevo, alcanzado, por medio de la transformación del espacio primitivo, realizado ahora lugar, en la cual los participantes entienden de esta forma las posibilidades físicas que posee, su vida y significado. Esta valoración entonces, no trata solo de un recuerdo formal, si no mas bien, de una totalidad experimental en un lugar con personificación.

Teniendo en consideración que un “lugar” es la “conversión del espacio” y que en la globalidad de las creaciones de espacio, posteriormente será un lugar como proceso último el que adquiere las atribuciones, de esta manera, el desafío en este orden de consecuencias, es pensar en el diseño urbano especulativamente con la contemplación de que serán proyecciones de lugares que optan por la figura y articulación del espacio; solo con esta contemplación base podremos asumir que las ciudades se construirán de buenos lugares y no de espacios que a veces son inoportunos a las dinámicas de la ciudad. Un ejemplo claro, son los dispositivos de paradas de buses que se instalan en la ciudad, estas infraestructuras obedecen a un modelo tipo que tiene un nivel de instalación a raíz de las demandas del servicio, pero que al ejecutarse desconocen las oportunidades que un funcional paradero pueden generar en sus contexto.

Otra forma con la estimación del mismo ejemplo anterior, es imaginándonos que un paradero no solo es parada de buses, si no que a partir de su instalación se piensa como un lugar, asumiendo esto dentro del marco de las reflexiones que se han descrito en este ensayo previamente, podríamos concluir que este paradero en su nueva concepción, podrá potenciar la irrigación de pasajeros y al mismo tiempo construir un lugar con carácter en sus posición de ciudad, volcar la parada a la proyección del espacio mismo, fortalecer la mezcla de usos y la intensidad, lo que generará la conversión del espacio a un lugar, en que el diseño urbano puede permitir la posibilidad de retranquear el espacio, unificar a partir de las superficies del suelo, orientar al lugar como el mejor lugar, implantar en síntesis un paradero de un bus como una parada asociada a un lugar de espera u otra actividad que potenciar. Con estos argumentos podemos concluir que el cambio de mirada genera oportunidades de reconversión para los espacios ciegos de la ciudad, pensar en lugares como el proceso posterior de los espacios abrirá nuevas opciones para la habitabilidad de escenarios dentro de la ciudad.

Bibliografía:
1.- Henri Lefbvre, Espacio y Política.

Image

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s