Ciudades con Identidad

participacionUna ciudad es básicamente una aglomeración de personas en un espacio acotado, con una organización política, edificaciones y actividades productivas.
Pero, ¿Qué diferencia una ciudad cualquiera de una buena ciudad?

Según mi punto de vista, una característica esencial para que las ciudades en que habitamos posean una buena calidad de vida, y por lo tanto sean “buenas ciudades” es que la gente que habita en estas se sienta identificada con su entorno. Que las ciudades posean identidad.

Hoy en día existe una tendencia de globalizar las ciudades, siguiendo todas parámetros de crecimiento similares, dejando de lado las características que diferencian unas de otras y que las definen, las que dependen principalmente de quienes residen en ellas. De la forma de vida de sus habitantes, sus ritos, su forma de habitar el espacio urbano.
Teniendo esto en cuenta: ¿Quienes debiesen encargarse de la planificación de las ciudades? ¿Las decisiones importantes sobre nuestras ciudades Debiesen ser única y exclusivamente tomadas por expertos como urbanistas y arquitectos? que sí bien han sido preparados para tomar estas, generalmente desconocen los problemas reales que se viven, los que solo pueden ser expresados por quienes habitan en ellas.
Considerando que es de vital importancia que quienes han estudiado y son eruditos en los temas urbanos, dirijan la planificación de las ciudades y ,en menor escala, de las comunas y barrios, no debemos dejar de tener en consideración que es lo que las personas quieren, cuales son sus problemas cotidianos y cuales son las soluciones que a ellos les parecen más adecuadas.

Además de preocuparnos de cómo es el entorno edificado en el que vivimos y proteger lo que hace de nuestras ciudades lugares únicos, es de vital importancia que quienes habitamos en ellas también estemos involucrados en su desarrollo, no podemos esperar que alguien más decida las cosas por nosotros, como ha de ser el desarrollo a futuro, si habrá o no una autopista frente a nuestras casas, si se construirá o no tal parque, etc.
La participación ciudadana es realmente importante, nosotros somos quienes vivimos en nuestra ciudad, quienes nos desplazamos y trabajos en ella, por lo tanto cuando se trata de definir como ha de crecer esta, somos los expertos en el tema.

Cuando hablamos de participación ciudadana, no nos referimos a que simplemente se nos informe de lo que va a ocurrir en los lugares en que habitamos, información que generalmente es escueta y que solo busca cumplir con lo mínimo que establecen las leyes. No sirve de nada que un mes antes de que comiencen las obras de una autopista, o un centro comercial en nuestros barrios nos entreguen panfletos informativos.
Para que una participación ciudadana pueda ser efectiva no debemos esperar a que aparezcan agentes externos que nos incentiven a organizarnos y generar cambios, debemos ser más activos, preocuparnos de que ocurre en nuestros barrios. Porque, siendo realistas, son muy pocos los casos en que quienes construyen, sean constructoras privadas, arquitectos o incluso entidades públicas como el MOP, generan instancias para que los ciudadanos seamos quienes decidamos sí una intervención ha de realizarse o no.

Por lo tanto la participación ciudadana debe comenzar desde abajo, desde los mismos habitantes, son ellos quienes han de organizarse y generar un cambio en la forma de proyectar las ciudades, poniendo primero sus preocupaciones y apreciaciones de cómo debiese crecer las ciudades, cuales son las directrices principales que han de desarrollarse. Dejar de tener como meta principal y única preocupación la rentabilidad económica, que además solo privilegia a los privados que construyen. Hace falta tener en cuenta la rentabilidad social de los proyectos, un ámbito que afecta a un mayor porcentaje de la población.

Un buen ejemplo de esta participación ciudadana es la que plantea el libro “handmade urbanism” escrito por Rosa Weilard, el cual esboza que son los ciudadanos quienes han de organizarse y generar cambios en sus barrios con sus propias manos haciendo uso de recursos a su alcance de forma creativa, buscando mejorar su calidad de vida por medio de estas intervenciones.
En este texto se presentan distintos casos de este urbanismo de menor escala, como en el caso de Sao Paulo, donde Jeff Anderson, un estudiante de sociología, incentivó a los habitantes de una favela a realizar medidas que mejoraran estéticamente su barrio, pintando fachadas, utilizando objetos reciclados para crear maseteros y obras de arte. Por medio de estas iniciativas no solo mejoró los aspectos físicos de las viviendas, sino que, además se mejoró las relaciones dentro del barrio, generando uno más consolidado y seguro.
Una característica importante de este tipo de iniciativas es que no son entidades externas quienes imponen que medidas han de tomarse y como han de trabajar y organizarse, sino que una persona motiva a los vecinos para que ellos según sus necesidades definan que han de realizar y como.

Continuando con la ejemplificación encontramos un texto que habla de una forma de urbanismo en menor escala y a partir de la participación ciudadana es “Urbanismo táctico 3, casos latinoamericanos”. Plantea una forma muy efectiva de generar cambios en la ciudad: por medio de la “acción a corto plazo, cambio a largo plazo”, presenta una serie de casos de intervenciones de bajo costo urbano en Latinoamérica. Buscando poner a prueba la viabilidad de intervenciones a largo plazo, con acciones a corto plazo, para que la ciudadanía tome conciencia de que estas son posibles.
Pareciese ser una forma más rápida e inteligente para atraer inversión hacia los proyectos que hacen de la ciudad un lugar más habitable.

Entre los casos de estudio se encuentra la iniciativa de “Plantabanda: cultivando espacios públicos” en Chile. Es una iniciativa de Emiliano de la Masa, un diseñador industrial que reside en el barrio club hípico. Junto a sus vecinos presentaron la iniciativa a la municipalidad de Santiago, quienes les dieron autorización para usar las platabanda (anteriormente utilizada para estacionar automóviles) y les entregaron recursos para realizar la intervención.
Se crearon huertos urbanos en estos espacios, que son cuidados por los vecinos involucrados.
Con esta iniciativa no solo lograron recuperar espacios en desuso, sino que además se genero una comunidad en el barrio que todos los lunes se reúnen para participar en talleres y charlas relacionadas con el tema de los huertos.

Es también interesante el caso de Providencia, comuna que después de 14 años bajo el mando de un mismo alcalde, a elegido como su nuevo edil una figura representativa de esta participación ciudadana, Josefa Errazuriz. Quien ha generado una serie de instancias participativas para los vecinos, como los cabildos que se han realizado en distintas fechas, diferenciados según barrios para comprender cuales son las necesidades y problemas reales de quienes habitan en ellos.

Casos exitosos como los anteriores son un buen incentivo para que la participación ciudadana se de en todos los rincones de la ciudad, buscando mejorar o proteger el lugar que habitamos. Estas iniciativas no solo significan intervenciones que mejoren la calidad urbana, sino que buscan generar comunidad.
Estos grupos organizados, además de tener más de una cosa que decir sobre el entorno en el que habitan, al participar de forma activa en su desarrollo incrementa la sensación de arraigo, nos sentimos parte de algo más grande que nosotros mismos y al mismo tiempo identificados con la ciudad en la que vivimos.
Tal como cuidamos nuestras casas, nos preocupamos de que este todo limpio, en orden y buen estado. Es necesario que esta preocupación sea volcada hacia el lugar de la ciudad en que habitamos, espacio que afecta directamente nuestra forma de vida y la calidad de las relaciones que se generan a nivel de barrio. Podríamos buscar permear los ritos diarios de nuestra vida hacia la calle, instalar un par de sillas en la vereda para sentarnos a tomar café o leer un diario, apropiándose de los espacios públicos que no siempre aprovechamos.
Sí nos organizamos en comunidad para generar mejoras, aumenta la sensación de vivir en un lugar seguro, nuestro vecino deja de ser considerado un extraño y, por lo tanto, un ladrón en potencia, sino que pasa a ser una persona conocida con problemas similares a los propios y una potencial ayuda en caso de necesitarlo.

En el caso de Santiago, que ha sido profundamente afectada por la tendencia globalizadora, mencionada anteriormente, el crecimiento de la ciudad que solo procura incentivar los aspectos económicos, ha dado paso a la demolición de muchas construcciones patrimoniales, e incluso, la destrucción completa de barrios históricos. Dando paso a un desarrollo inmobiliario desmedido, sin respetar el entorno en el que se emplazan, generando un tejido urbano homogéneo de torres de ladrillos. Por otro lado aparecen los edificios de oficinas, característicos por su gran altura y sus fachadas de vidrio.

Cada día pareciese aumentar el empoderamiento de la ciudadanía, lo vemos todas las semanas cuando la gente sale a las calles para expresar su descontento frente a distintas situaciones, como la deficiente educación del país, problemas en la salud pública, los discriminación a las minorías, etc. Pero nos estamos quedando atrás en cuanto a intervenciones en el espacio físico en el que habitamos, existen muchas iniciativas que como ciudadanos podemos realizar buscando mejorar la calidad de vida en nuestras ciudades. Pero pareciese ser que en la batalla contra las grandes empresas constructoras, los centros comerciales y autopistas, son ellos quienes llevan la delantera, demostrando la falta de iniciativa,
La ciudad se está llenando de ciudadanos “zombies”, que no se relacionan con quienes viven junto a ellos. Ya no sabemos ni el nombre de nuestros vecinos, ni nos importa lo que ocurre más allá de la puerta de nuestras casas, sin tener conciencia que hay muchas decisiones que estamos dejando en manos de otros, pero en las que debiésemos ser los más interesados, pues al final del día estas influirán en nuestro diario vivir.
Si bien existe una serie de iniciativas a menor escala que se están realizando en nuestras ciudades, aun es un grupo minoritario quienes se organizan y las realizan.
Para construir una ciudad más amigable y humana, que no solo se preocupe de construir autopistas para que quienes transitan de paso por nuestros barrios lo hagan de forma mas expedita, sino de incentivar la creación de espacios verdes de calidad, priorizar el desarrollo de comercios de barrio, mayor luminaria publica, etc.
Como ciudadanos tenemos la tarea de empoderarnos e involucrarnos en la toma de decisiones de forma consiente e informados.

En conclusión, entendemos que por buena ciudad nos referimos a una con identidad, donde sus habitantes participen de forma activa en ellas, permeando su forma de ser, sus ritos, en definitiva sus características culturales en ellas, por medio de la participación ciudadana donde son ellos mismos quienes deciden el desarrollo urbano que han de poseer estas.
Como en nuestras ciudades la participación aun es escueta, podríamos decir que no poseemos buenas ciudades. Pero es importante tener en cuenta que existen sectores o barrios que se diferencian del resto ya que poseen comunidades consolidadas con un fuerte arraigo, preocupación por el lugar físico y social en el que habitan.

Macarena Solari Tagle

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