Ciudad Respirable

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¿Qué hace de una ciudad una buena ciudad?

Referirse a una ciudad como una buena ciudad hace pensar en la cantidad de variables que pueden influir en ella, tantas que la definición de una buena ciudad es muy subjetiva. Personas, situaciones, políticas; todo influye.

A pesar de ser muchas y diferentes, todas se reúnen en torno a la ciudad y es posible crear una relación entre ellas, por lo tanto al profundizar en una es difícil no terminar relacionándola con otra.

Para centrar la pregunta en una de esas características uno de los caminos posibles es volver sobre la propia experiencia y preguntarse ¿Es mi ciudad un ejemplo de buena ciudad? Y, si no lo es: ¿qué le falta a MI ciudad para ser buena?

A Santiago le falta aire limpio, y ¿por qué no? Una buena ciudad tiene calidad de vida para todos sus habitantes y el aire limpio es un básico para vivir sanamente y contar con esa calidad. Por lo tanto una ciudad RESPIRABLE cabe en la definición de una buena ciudad.

Nuestra ciudad está rodeada de una geografía que no juega a favor de las personas al momento de hablar de la contaminación del aire; estamos en un cajón que no para de acumularla. Sin embargo, teniendo en cuenta esto, ya que todos vemos la nube café sobre la ciudad, pareciera como si no supiéramos de aquello o lo ignoráramos.

Solo hay que mirar el lugar donde vivimos para tener una idea; las calles y avenidas están cada vez más congestionadas de vehículos. Un estudio del INE (Instituto Nacional de Estadísticas) basado en los permisos de circulación que apareció en La Tercera aseguró que el parque automotor tuvo un aumento de un 7,2% en la Región Metropolitana entre 2012 y 2013.

Según Louis de Grange, un académico de la Universidad Diego Portales, la explicación tiene que ver con el alza del ingreso per cápita a nivel país: “Esto se traduce en una mayor venta y uso del auto, que es un antecedente duro en relación al aumento de la congestión y que se da en todo el país”.

Esto nos hace preguntarnos qué es lo que se vende hoy, lo que se promociona y cuáles son las prioridades de las personas detrás de esto. Viendo la realidad de nuestra ciudad ¿es lógico que la compra y uso del automóvil tenga un crecimiento tan acelerado?

En el artículo, Leonardo Basso, presidente de la Sociedad Chilena de ingenieros de transporte se refiere al tema también y comenta “no se puede construir una ciudad para esta cantidad creciente de autos. Lo que se debe hacer  desincentivar el uso del automóvil invirtiendo menos en carreteras y más en transporte público”.

Por otro lado hay que tener en cuenta que un porcentaje de los autos de Santiago son no catalíticos. Este año comenzó a regir la nueva norma de medición para vehículos catalizadores, que aumenta 3 veces el rechazo de la revisión técnica. Esto supone una mejora en cuanto a contaminación, pero rápidamente se verá disminuida frente a la masiva venta de autos que se produce en nuestro país.

Otro factor muy influyente en el porcentaje de smog, que hace que aumenten significativamente las alertas ambientales y preemergencias en invierno es el uso de estufas a leña. Lo que alcanzaría un 49% de la contaminación del aire en Santiago durante el invierno según un estudio de la Universidad Andrés Bello. El número de estufas a leña no es tan grande, correspondería solo al 8% de los hogares, y así nos damos cuenta de cuán contaminantes son. De nuevo vuelven las interrogantes, cómo se regula y fiscaliza esto, ¿Se fiscaliza? ¿Debería prohibirse su uso?

Son temas conocidos por la gente, pero esa misma gente no parece estar consciente de cuán grave son y la influencia que pueden tener a corto y largo plazo en nuestra calidad de vida. Es un tema de consciencia social que aún no tenemos como grupo, a nivel ciudad y menos a nivel país.

Son muchas las actividades, gestos y hábitos desatendidos los que siguen aumentando la mala calidad del aire y por el contrario las medidas tomadas parecen ser pocas o de poca relevancia.

Los habitantes están acostumbrados a esta nube negra, a respirarla, a ver escasamente la cordillera debido a ella y aunque hay muchos de ellos que están conscientes y aportan con su grano de arena, nunca será suficiente si no se crea una consciencia social, y no se busca una solución. Las consecuencias inmediatas como agravaciones de resfríos son normales para nosotros, estamos acostumbrados. Entonces, ¿Cómo hacernos conscientes a nosotros mismos?

En marzo entró en vigencia la Ley de tabaco, gracias a la cual muchos espacios están libres de humo. En su época fue polémica, mucha gente tuvo que acostumbrarse a salir a fumar a sectores habilitados, los mismos locales tuvieron que adaptarse, por lo que hubo quejas por parte de fumadores o personas pro fumadores. También hay un grupo de fumadores pasivos que no tenían mayor problema con estar en una nube de humo, no se quejaban. Pero hoy probablemente no se comenta eso.

Si volviéramos atrás, a tener un ambiente tóxico lleno de humo lo vamos a notar el doble de lo que se sentía, y probablemente ese grupo de gente sin mayor problema, sí lo tendrían ahora, incluso parte de los fumadores.

La Ley del tabaco tendría un cien por ciento de aprobación por parte de la población, y en un tiempo más se creerá que era una locura ser capaces de estar en un ambiente de tales características.

Creo que lo mismo se puede aplicar a la contaminación del aire. Las personas no están conscientes de cómo esto influye en su calidad de vida, hay que hacerlo aparecer y relucir.

Tomamos el ejemplo de Londres, una gran ciudad, que la gran mayoría admira. Londres tiene un historial de vida relacionado con la mala calidad del aire, en resumen el peor hecho histórico ocurrió en los años 50 cuando una niebla oscura cubrió la ciudad y causó alrededor de cuatro mil muertes. Han sido situaciones seguidas como esta, cada vez menos graves, las que han hecho que las autoridades de Londres tomen medidas en el asunto.

Por otro lado, en 2005 la Unión Europea estableció una estrategia para que los distintos países de la comunidad alcanzaran un mejor nivel en la calidad del aire.

En Londres se realizó un plan de descontaminación que conlleva una gran inversión por parte de sus autoridades.

Comenzó con un sistema de cotas de emisión en el que se categoriza a los vehículos según lo que contamina y dependiendo de eso se le da o prohíbe el paso en ciertas zonas de la ciudad. Los que entran a las zonas de baja emisión y no lo tienen permitido son multados. El plan cuenta con el apoyo de las fábricas de autos que permiten el cambio de modelos más antiguos a unos menos contaminantes con descuentos o facilidades.

Como la ciudad y el país tienen metas que cumplir impuestas por la comunidad europea, es necesario hacer cada vez más estricto el plan y actualizarlo regularmente.

Con esto, Londres ha logrado superar esos altos niveles de mala calidad del aire. Existe una organización sin fines de lucro llamada “Clean air in London” (http://cleanairinlondon.org/) que lucha para alcanzar los niveles deseados de calidad de aire recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Es interesante ver que comparten, por ejemplo, diariamente y a través de twitter una medición de la calidad del aire de una zona de la ciudad de Londres, lo que permite ver la mejora o empeoramiento del aire.

Este tipo de gestos muestran en qué situación están los ciudadanos, que tan conscientes están. El ejemplo que da Londres es deseable para Santiago, organizaciones que incitan a limpiar el aire de la ciudad, que nos actualizan a diario con información de lo que ocurre, pero esto tiene que partir desde la misma ciudad, somos nosotros quienes debemos poner estos temas en las conversaciones a diario para crear consciencia. O quizás necesitamos crear una nube negra que deje un saldo notorio de afectados directos de la mala calidad del aire.

No es solo el problema del aire, también es el río, los parques, las calles; en muchos ámbitos descuidamos la ciudad. Es una consciencia que la gente no ha adaptado aún y que en algún momento será obligatoria.

La ciudad se vuelve más nuestra cada minuto y hoy en día los ciudadanos estamos más despiertos que antes, es sólo cuestión de escuchar noticias.

Por lo tanto es necesario que este estado se canalice correctamente y se llegue a esta consciencia ciudadana.

Es la ciudadanía la que debe hacer de su ciudad una buena ciudad. Algo tan presente como el aire es solo una puerta de entrada a abordar un tema mayor.

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